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Astaná y los demás

jueves, 2 de julio de 2009

Repaso a la participación del Tour de Francia
2 de Julio, Arueda.com

Ayer hablábamos del recorrido, del escenario donde se iba a desarrollar el Tour de Francia, y concluíamos dos aseveraciones. La primera, que estaba ensombrecido por la penúltima etapa en el Mont Ventoux. La segunda, que su éxito dependía en gran medida de la actitud de los participantes, de los actores. Y en ellos nos centramos en esta segunda parte de la previa de la gran ronda francesa...

Si el escenario se opacaba con el Mont Ventoux, podríamos decir algo parecido de los actores con Astaná. Todas las miradas están en el equipo kazajo, que aglutina hasta seis ciclistas que son y han sido capaces de liderar a un bloque con garantías de puesto entre los diez primeros e incluso de podio. El vasco Haimar Zubeldia (5º en 2003), el ucraniano Yaroslav Popovych (8º en 2007), el americano Levi Leipheimer (3º en 2007) y el alemán Andreas Klöden (2º en 2004) conforman una potentísima y temible escuadra de gregarios de lujo al servicio de dos líderes de aún mayor postín de cuya cohabitación puede surgir una polémica casi histórica.


El debate de Astaná: ¿Armstrong ó Contador?

Lance Armstrong y Alberto Contador. El americano ha vuelto para ser el mejor, lo fue durante siete años consecutivos y, tras tres temporadas de parón, no parece dispuesto a renunciar a ese estatus de capo absoluto del pelotón. No parece dispuesto a abdicar en un pinteño que, durante su ausencia, no hizo sino crecer a pasos agigantados hasta el punto de conquistar en apenas catorce meses las tres grandes vueltas.

De hecho, el tejano ha sido explícito en sus declaraciones: él aboga porque el líder se decida en la carretera, en la contrarreloj de Mónaco, el único terreno donde teóricamente Armstrong puede ser superior. Un duelo donde sólo hay una pequeña esperanza de salir victorioso para Contador. El título de campeón de España contrarreloj que se adjudicó el pasado fin de semana apunta una gran evolución en esa especialidad que incluso podría servir para derrotar al heptacampeón, que por otra parte no ha pasado del décimo puesto en ninguna de las cronos donde ha tomado parte este año.

El resto de factores inclinan inexorablemente la balanza en favor de Contador. El ritmo de competición que el madrileño ha mostrado en todas y cada una de sus apariciones esta temporada ha sido impepinablemente mayor que el del tejano; las sensaciones también ha sido mejores. Incluso los resultados: ganador en País Vasco y Algarve, segundo en Castilla y León, tercero en Dauphiné, cuarto en París-Niza; ésa es la hoja de servicios de Alberto. La de Lance se reduce al 12º lugar en la general final del Giro de Italia. Las voces que, desde dentro del pelotón, apuntan a un Armstrong realmente fuerte capaz de aspirar al maillot amarillo no se pueden sustentar en ningún factor más o menos objetivo.

Sastre, Evans y Menchov: el resto de la primera fila de favoritos

Tras Armstrong y Contador, el siguiente gran candidato a ganar el Tour de Francia de este año es el vigente campeón Carlos Sastre. El abulense, enrolado este año en el equipo Cervélo, llega a la carrera francesa después de firmar un buen Giro (4º en la general y dos etapas fue su bagaje) y pasar casi un mes y medio descansando, sin dejarse ver por las competiciones. Su principal aval es la experiencia; su recelo es la falta de dinamita en las piernas, el no tener un terreno donde marcar diferencias concretas de no mediar circunstancias tácticas. La suerte es que estas últimas las domina a la perfección.

El australiano Cadel Evans, por su parte, llega con la esperanza de desligarse de la etiqueta de 'Poulidor del Siglo XXI' que se le empieza a aplicar después de años mostrando su impericia para hacerse con el triunfo en carreras grandes. A favor del ciclista del Silence-Lotto están su innegable calidad para subir y rodar y el cambio de actitud mostrado en la Dauphiné Liberé, que al dotarle de ambición puede marcar un antes y un después en la carrera del que parece destinado a ser un eterno segundón. En su contra está, además de la condición antes nombrada, la debilidad de su equipo, que le imposibilita defender un hipotético liderato con garantías.

De eso, de defender un liderato con unos coequipiers flojos, sabe bastante Denis Menchov. El ruso de Rabobank, ganador del Giro'09 con una escuadra ínfima, llega a la salida de Mónaco con los deberes hechos y más fuerte que nunca; la 'maglia rosa' es un punto de inflexión para el navarruso. Es cierto que antes había ganado la Vuelta en dos ocasiones, pero ante rivales menores o en una condición menor. Pero hacerse con el triunfo del Giro del Centenario mostrando una fortaleza tan apabullante tanto en montaña como en contrarreloj puede haberle dotado de otro tipo de fortaleza, la mental, que tanto había echado de menos en otras circunstancias. Junto a él estará uno de los favoritos al maillot blanco, el holandés Robert Gesink.


Dos bloques potentes: Saxo Bank y Liquigas

Si empezábamos hablando del bloque de Astaná y su disyuntiva del liderato, en la salida de Mónaco habrá otra formación capaz de poner en jaque la carrera si se lo propone. Una escuadra cuya fortaleza radica en la suma de outsiders, corredores capaces de aspirar a un puesto entre los diez primeros que coordinándose podrían auparse al podio. Se trata de Saxo Bank. Los chicos de Bjarne Riis acuden al Tour capitaneados por los hermanos Frank y Andy Schleck, 6º y 12º de la gran ronda francesa el año pasado, y poseen en la retaguardia a un ciclista que es garantía de espectáculo y resultados cuando está en forma... y de hecho lo está. Es suizo, se llama Fabian Cancellara y se presenta a este Tour como un tapado capaz de todo después de ganar la ronda de su país.

Desde Italia llega también otro equipo capaz de asustar y reventar la carrera si las cosas le funcionan: Liquigas. Los de Roberto Amadio han reservado a dos jóvenes casi prodigiosos para este Tour, llamados a batirse el cobre con los más grandes: el checo Roman Kreuziger y el italiano Vincenzo Nibali. Ambos, notables escaladores y contrarrelojistas, aspiran a un puesto entre los diez primeros pero no renuncian a nada, incluso a moverse en escaramuzas desde el inicio de la etapa. Estarán reforzados por todo un podio del Giro del Centenario, Franco Pellizotti, que acudirá en busca de etapas.

Algunos deberán confirmarse... y justificarse

Otro candidato de segunda fila a la general del Tour es el americano de Garmin Christian Vandevelde, que deberá confirmar el quinto puesto del año pasado. Tres puestos tras él el año pasado, el luxemburgués de Columbia Kim Kirchen se encuentra en una situación parecida y deberá ratificar sus buenas prestaciones de 2008, más aún en un 2009 que está siendo aciago para él. De reojo habrá que mirar a Marzio Brusheghin, que liderará al equipo Lampre y buscará completar una participación digna.

En los equipos franceses, por otra parte, hay cierta ansiedad por justificar temporadas cuyo eje es por completo el Tour de Francia. En este sentido, AG2R presenta a un candidato serio al top ten que se quedó a las puertas de figurar en él en 2008, el ruso Vladimir Efimkin, y a una posible sorpresa mayúscula como el irlandés Nicolas Roche. Agritubel llevará al eterno y decadente Christophe Moreau, mientras Cofidis pone sus esperanzas en el irregular escalador David Moncoutié y Française des Jeux en un Christophe Le Mével que parece dispuesto a jugar la carta de la general.

La pléyade de sprinters

No sólo de general vive el Tour, y como cada año se vivirá la lucha por el maillot verde y los triunfos obtenidos en los últimos metros merced a emocionantes volatas. Estará presente el indiscutible mejor velocista del momento Mark Cavendish (Columbia), con un equipo de buenos rodadores a su disposición. Frente a él, clásicos como el noruego Thor Hushovd (Cervélo) o el tricampeón mundial español Óscar Freire (Rabobank). También se encontrarán en las carreteras francesas tres corredores dispuestos a lavar la cara de su temporada como los accidentados Daniele Benatti (Liquigas) y Alessandro Ballan (Lampre), y Tom Boonen (Quick Step), cuyo segundo positivo por cocaína está siendo un calvario difícil de soportar.

El resto de opciones en el sprint pasan por posibles sorpresas como Ciolek (Milram), Haussler (Cervélo), Van Hummel (Skil-Shimano), Feillu (Agritubel), Dean (Garmin) ó el medallista en el Mundial de Madrid'05 Geslin (Française des Jeux). También por dos jóvenes españoles en plena progresión como Koldo Fernandez de Larrea y José Joaquín Rojas, cuyo posible rendimiento analizaremos mañana en la tercera parte de la previa del Tour de Francia junto al del resto de sus coequipiers en Euskaltel ó Caisse d'Épargne. ¿O creíais que habíamos olvidado a los equipos españoles?

Los cortes de la Navaja de Occam

viernes, 22 de mayo de 2009

Arueda.com

La navaja de Occam es un instrumento empírico que sirve como base a cualquier razonamiento lógico. Lejos de ser un instrumento físico, es una máxima cuyo nombre radica en que corta de raíz cualquier divagación e hipótesis demasiado complicada. Establece la preponderancia de lo simple con el siguiente postulado: “La interpretación más sencilla es probablemente la correcta”.

En ciclismo no hay carrera más sencilla que la contrarreloj: un recorrido que cada participante completa individualmente con el objetivo de hacerlo en el menor tiempo posible. Determina la fortaleza física del corredor mucho mejor que la montaña, donde hay cierto componente mental; mucho mejor que el sprint, donde hay una parte importantísima de trabajo de equipo; mucho mejor que el terreno de las clásicas, donde la táctica juega un papel decisivo. Aquí todo es muy sencillo, es la lucha en igualdad total de condiciones, la navaja de Occam corta muy bien.

La crono de hoy parecía sacada de otro tiempo. Acumulaba una longitud de sesenta kilómetros, propia de cualquier carrera del género en cualquier gran vuelta, pero la sazonaba con dos puertos de montaña que proporcionaban una dureza descomunal. Para muestra, los 17 minutos y 50 segundos de retraso que ha acumulado en meta el último clasificado, Óscar Gatto (ISD), con respecto del ganador Denis Menchov.

El ruso de Rabobank ha sido, sin duda, el gran beneficiado de hoy. Inició el día a 1'20” de la 'maglia rosa' que llevaba Danilo Di Luca y lo acabó con ella puesta y 34” de renta. Menchov es un corredor fortísimo, dominador en las contrarrelojes y capaz de lo mejor (Alpe de Siusi) y lo peor en la montaña, a causa de una debilidad mental que le hace hundirse cuando ve alguien superior a él en la carretera. Eso le hizo no ganar el Tour del año pasado, donde también acusó un poco de mala suerte, si bien no le ha impedido ganar una Vuelta a España, la de 2007, en la que avasalló desde otra crono (Zaragoza) hasta el final.

Sin embargo, ahora Menchov se enfrentará a otro problema que no es de mentalidad a la hora de defender el liderato. Se trata del equipo. Rabobank ha traído una alineación más bien débil, sobre todo a la hora de subir, que tiene además el hándicap de haber perdido a su 'capitano' en ruta, Pedro Horrillo, debido a una caída. Sólo Laurens Ten Dam (19º en la general), Mauricio Ardila (48º) y Dimitri Kozontchuk (79º) si se encuentra en sus mejores días parecen capaces de resistir hasta el último puerto con el ruso. Los acontecimientos pueden sobrevenir, sobre todo, con un ataque lejano en una de las numerosas etapas de media y alta montaña que restan hasta la llegada en Roma.

Otro equipo donde la navaja de Occam ha metido su filo ha sido Liquigas. Su bicefalia corre el peligro de convertirse en dicotomía; desventajas de salir con dos líderes en el mismo ‘nueve’. Ivan Basso y Franco Pellizotti han convivido hasta ahora perjudicándose, no han dado pedaladas a favor del otro y sí en contra; por ejemplo, el corte de la décima etapa que costó veinte segundos de desventaja a Basso lo provocó el propio Pellizotti.

En la contrarreloj, Pellizotti ha demostrado estar un punto por encima de Basso. El hombre del cabello rizado lleva un minuto de ventaja respecto del varesino, quien sólo se mostró mejor que él en Alpe de Siusi y tiene además dos hándicap: impericia para atacar y poca costumbre de alta competición. En estas circunstancias, recortar tres minutos (su diferencia respecto del líder Menchov) se antoja muy complicado si se espera a combatir de tú a tú. Pellizotti, por tanto, parece en mejor disposición para aspirar a la maglia rosa. La solución para evitar un conflicto tal vez sea buscar ataques lejanos con Basso, hacer trabajar a Menchov y dejar el terreno abonado para que Pellizotti remate. Que ambos den pedaladas para sí mismos, pero que al menos no se perjudiquen…

Por otro lado, la decepción de la contrarreloj posiblemente haya sido Michael Rogers. El australiano, antiguo campeón del mundo contrarreloj, se ha visto superado por los rivales y el recorrido y ha perdido casi tres minutos en meta con Menchov. El corredor de Columbia muestra una falta de solidez casi alarmante y, aunque algunas apuestas le daban como candidato a la sorpresa, aún le falta ese punto de regularidad para situarse entre los mejores. Tampoco su compañero Thomas Lövkist (a cinco minutos) ha dejado mejores sensaciones; la navaja de Occam dice esta vez que la guerra de Columbia seguramente no sean las clasificaciones generales.

Todo lo contrario le sucede a Carlos Sastre. Y a Levi Leipheimer. Ninguno de los dos se ha mostrado exultante, ni muy entonado; se mantienen a la expectativa, pero aún así son quinto y segundo en la general, respectivamente. El abulense de Cervélo espera amparado en su condición de corredor de fondo, lo que propicia que sus etapas para marcar diferencias sean más las finales que las iniciales. El americano, por su parte, esperaba no tener rival en la contrarreloj, poder sacar tiempo a todos; ahora tiene un problema llamado Menchov. Y también una solución llamada Astaná, un equipo potentísimo con capacidad de sobra para armar verdaderos zafarranchos.

El último corte de la navaja de Occam, el primero cronológicamente de todos los reseñados, lo ha dado en Lance Armstrong. Después de dos semanas introducido en el fragor de la competición, el americano ya había tomado ritmo de competición y se encontraba ante la prueba de fuego de la disciplina que tantos éxitos le dio otrora. El resultado, 13º a 2’26”, no invita al optimismo de pensar en la recuperación del Armstrong de antes de la retirada; hay doce ciclistas por encima suya, antes no había ninguno. Sin embargo, sí deja bien a las claras que el tejano sigue teniendo un nivel más que decente. Y puede ser, por qué no, que le veamos dinamitar el Giro con su trabajo a favor de Levi Leipheimer…

Un par de ideas ó impresiones

sábado, 11 de abril de 2009

Llevo un tiempo de negación creativa absoluta. Ab-so-lu-ta. La vida, lo saben aquellos que han leído mi Facebook, me tiene a maltraer últimamente. He seguido con cierto desinterés la Vuelta al País Vasco, he pasado de algunas competiciones y, sobre todo, me he olvidado de escribir. Sin embargo, llevo una semanita 'más mejor' y he recopilado algo de impresiones ó ideas sobre el ciclismo y demás.

Impresión ó idea número uno: qué progresión más silenciosa está teniendo Aitor Hernández. Ermuarra, seguramente por condiciones sea de los peores corredores de su equipo. Pero ha sabido sacar partido de una cualidad ausente en algunos de sus coequipiers: combatividad. Combatividad absoluta. En París - Niza se fugó en varias ocasiones, incluso vivió de cerca la cabalgada de Contador el último día. En País Vasco ha luchado por la clasificación de la montaña, ganándole la mano al final Rein Taaramae. A pesar de todo, dignísimo su papel.

Impresión ó idea número uno y medio: prácticamente olvidado Amets Txurruka. Un ciclista que me gusta muchísimo, de un estilo que me encanta: escalador, rapidillo, capaz de batirse el cobre con cualquiera gracias a un punto de descaro e "insolencia" que resultaba hasta delicioso. Sin embargo, desde aquel Tour de Francia de hace dos años donde subió al podio de París gracias a las coincidencias como justo premio a su combatividad, Amets ha ido bajando, bajando... El año pasado lo terminó casi en blanco, este año lo ha empezado en la misma dirección. Ojalá repunte, es un ciclista más que digno.

Siguiente impresión ó idea: Martijn Maaskant acaba mañana en el podio en Roubaix. Es un tapado de libro, la pasada edición fue cuarto partiendo casi desde la misma posición. Sus compañeros de pelotón no le toman en serio, creo que no he leído a ningún corredor apostar por él de cara a la victoria o siquiera al podio. Su gran problema es el equipo, que estará disuelto como un azucarillo antes de Arenberg. Su gran ventaja, aparte de ser el tapado, es haber preparado la carrera con un calendario ideal: inició en Qatar y Algarve, dos .1 donde se desentendió de la competición, cogió ritmo en Tirreno y lució en la Panne y Flandes.

Impresión ó idea número dos y media, seguimos hablando de calendarios. En este caso, de malos calendarios. Fabian Cancellara, ejemplo de cómo no preparar la carrera: se metió directamente en California, donde llegó con cierto nivel competitivo y se llevó el prólogo. Muy bien. Se retira pronto por una enfermedad, y eso le merma; de todas maneras, no era California el lugar donde empezar la temporada si su objetivo estaba en abril. Tirreno - Adriático fue un via crucis, no llegó preparado; luego ha tomado bríos en la Semana Internacional, no llegó a completar Flandes y en Gante - Wegelvem ya dejó ver cierto nivel. Mañana, seguro, se dejará ver; aunque veo difícil que en el Carrefour de l'Arbre esté en disposición de luchar por la carrera.

Impresión ó idea número dos y tres cuartos, el calendario de Cervélo. Les ha faltado un poco de... ¿experiencia? No sé qué decir, tampoco son recién llegados al ciclismo. Pero está claro que han resbalado poniendo a sus caballos negros a correr para ganar desde el mes de enero en Qatar. Llegan demasiado quemados, Haussler clama a los cuatro vientos que prácticamente no pueden más. Veremos qué tal se les da el Giro, prueba a la que Carlos Sastre va a llegar con un golpe de pedal similar al del pasado Tour; ojalá se le dé igual de bien.

Caballos negros

martes, 3 de febrero de 2009

Buen reportaje y entrevista el que dedican en Cyclingnews a Carlos Sastre: "The dark horse rider". El título, acertadísimo, hace referencia mediante un juego de palabras a dos circunstancias del ciclista abulense. Por un lado, con la expresión inglesa "being a dark horse" (que viene a significar ser una persona que aún habiendo alcanzado el éxito sigue siendo un tanto desconocido para el público), el artículo deja entrever su condición de ganador de Tour de Francia tan digno como poco glamuroso, algo que por otra parte no deja de ser injusto. Y, por otra parte, ese título de dark horse se refiere al color de su nuevo equipo, Cervélo.


Un equipo que, como está demostrando estos días en Qatar, esta auténticamente hecho de caballos negros. Sólo hay que mirar su 'ocho' de esta carrera para comprobarlo: rodadores expertos como Andreas Klier ó Roger Hammond, noveles prometedores como Martin Reimer, irregulares con potencial de bestia como Heinrich Haussler, más un polivalente valioso como Xavi Florencio. Con esta alineación, Cervélo ha tenido la capacidad de monopolizar, o casi, la atención en la ronda asiática: es el promotor de los abanicos que tanto castigan al pelotón y su principal beneficiario.

Y el resultado no podría ser mejor: una victoria de etapa, cinco hombres entre los ocho primeros de la general. Bueno, realmente sí podría ser mejor; falta en la alineación un rematador, un velocista ganador, alguien con olfato capaz de rentabilizar el grandísimo potencial del resto de caballos negros. Pero sólo hay un ciclista de estas características en la plantilla: es noruego, se llama Thor Hushovd y seguramente es uno de los tres corredores más potentes del mundo. Por debajo de él, sólo un Haussler centrado puede funcionar como surtidor de triunfos para a escuadra. O él, o un ciclista joven que de un rendimiento inusitado.

Los ocho del Tour de Qatar son el reflejo de la totalidad del Cervélo TestTeam. La estructura capitaneada por Carlos Sastre, en mi opinión, ha sido capaz de reunir una buena plantilla con caballos negros que pueden tirar con total efectividad de una cuádriga cuyo auriga sea digno de su fortaleza. El problema es que sólo existen dos aurigas que reunan esa condición, Sastre y Hushvod, lo cual se antoja bastante poco. Y es que, no nos engañemos, ni Haussler ni Gómez Marchante (casos paralelos de buenos ciclistas perjudicados por las circunstancias) reúnen las condiciones para liderar al equipo en momentos importantes de la temporada. Y qué decir de los jóvenes emergentes contratados, como Konovalovas, Pauwels, Fleeman, Deignan ó Pujol, que crecerán en la sombra en espera de reunir una mayor madurez.

¿Deberes para el año que viene? Es demasiado pronto para establecerlos, aunque parece meridianamente claro que es necesario fichar algún líder más para afrontar con garantías un calendario que incluye la gran mayoría de grandes clásicas y vueltas. No parece suficiente tener a Hushovd y Sastre como jefes únicos, como aurigas de una cuádriga tirada por potentísimos caballos negros.

Quince momentos inolvidables

jueves, 23 de octubre de 2008

Artículo y fotos
23 de Octubre, Arueda.com
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Cervélo revoluciona el mercado

martes, 16 de septiembre de 2008

Arueda.com

La creación de un nuevo equipo es siempre una buena noticia. Pero cuando éste es una estructura de primer nivel, un soplo de aire fresco, la noticia es mejor. Y más aún cuando se forma de una manera relativamente novedosa, con la participación de un conglomerado de empresas involucradas en la tecnología aplicada al ciclismo que busca tener en el equipo un banco de pruebas del máximo nivel. Las marcas son Cervélo (bicicletas), Zipp (ruedas), Vittoria (llantas), 3T (grupos y componentes) y Speedplay (pedales y bielas). El nombre del equipo, Cervélo Test Team.


El mánager general de esta estructura es el suizo Thomas Campana, a través de Cycling United Racing, sociedad afincada en Suiza y de origen canadiense que también gestiona al equipo femenino Cervélo-Lifeforce. De hecho, ambos equipos estarán muy relacionados: los directores auxiliares Jean-Paul Van Poppel y Jens Zemke llevarán a cabo sus funciones alternamente en el equipo masculino y en el femenino. El mánager administrativo será un viejo conocido de la estructura técnica de Gerolsteiner como Theo Maucher, mientras que el director deportivo será el australiano Scott Sunderland, ex CSC. Lo realmente interesante, sin embargo, viene en el plano de los ciclistas con que contará el equipo. ..

Resaltan por encima de todos dos corredores de primer nivel mundial, expertos, como Carlos Sastre y Thor Hushovd. Sastre, de 33 años, llega al equipo cerca del ocaso de su carrera tras el inesperado cénit que supuso su inesperada victoria en el Tour de Francia. Su misión durante los dos años de contrato que ha firmado como ciclista será precisamente dar presencia al equipo en las grandes vueltas. Sin embargo, lo interesante viene cuando acabe dicho contrato: el abulense seguirá integrado en la estructura técnica del equipo. Siempre se ha mostrado como un buen estratega en carrera, es un auténtico director sobre la bici: ha tenido lunares como el que permitió a Landis dar un vuelco al Tour 2006, pero se compensan con tácticas brillantes como la que apuntaló en los Juegos Olímpicos. Su destino será ejercer de director, pero desde el coche. Junto a él se llevará a un gregario que le acompañó en CSC, el experto burgalés Íñigo Cuesta (39 años). No se descarta que incorpore algún otro ciclista de su confianza.

Por su parte, el noruego Thor Hushovd llega en su plenitud como ciclista, con 30 años recién cumplidos y al menos tres al máximo nivel. La desaparición de Crédit Agricole como equipo profesional le dejó sin contrato para 2009; tras un mes de subasta a varias bandas, Hushovd se decidió por Cervélo debido al interesante enfoque que supone la prueba en competición de los prototipos de primeras marcas ciclistas. Además del hecho de que iba a ser líder único e indiscutible de cara a las clásicas y los sprints, algo que ya sucedía con Crédit Agricole y, sin embargo, no ocurriría en un equipo de mayor nivel. Hushovd incorpora también a un gregario de poco nombre pero con el cual comparte relación y equipos, su compatriota Gabriel Rasch: rodador experto de 32 años y sin apenas resultados individuales. Llegarán además otros dos hombres del equipo Crédit Agricole: completos y relativamente jóvenes, con predilección por las contrarrelojes y la media montaña. Por un lado, el lituano Ignatas Konovalovas (23); por otro, el australiano Simon Gerrans (28), quien le robara en el pasado Tour de Francia una etapa al inocente Egoi Martínez.

De cara a las clásicas del norte se ha contratado a varios ciclistas. Desde Columbia arriban dos veteranos de garantías como Andreas Klier (32) y Roger Hammond (34). Entre ambos garantizan una buena campaña, presencia en las carreras que sean su objetivo; pero, sobre todo, serán los guías del aprendizaje de tres corredores con mucho margen de progresión en esta especialidad del ciclismo: el semi sprinter alemán Heinrich Haussler (24 – Gerolsteiner), el belga Serge Pawels (25 – Totsport Vlaanderen) y el inglés Daniel Lloyd (28 - Sean Kelly Team). También del equipo de Sean Kelly llega un vueltómano de futuro como Daniel Fleeman (26). Otro nombre confirmado es el de Philipe Deignan (25), irlandés de AG2R.

Se han relacionado, además, muchos otros nombres con el Cervélo Test Team. El artista del dramatismo por excelencia, el francés Thomas Voeckler (29 – Bouygues Telecom), ha parecido muy cercano al equipo suizo; Clement L’Hotellerie, revelación de principios de temporada con Skil – Shimano, parece estar entre Caisse d’Épargne y Cervélo. Ha sonado Benny de Schrooder, belga perteneciente al equipo de Sean Kelly. Pero si hablamos de sonar…

… Lo más sonado ha sido Samuel Sánchez. Ayer saltaba la noticia de que el asturiano iba a romper su contrato con Euskaltel mediante el pago de su cláusula de rescisión para unirse al proyecto suizo. Se hablaba incluso de cifras que, aunque lejanas de lo que cobran futbolistas y otros deportistas de alto nivel, sí son muy altas para un ciclista profesional. Miguel Madariaga, mánager de Euskaltel y actual jefe de Samuel, montó en cólera cuando conoció la noticia; Igor Galdeano parecía esperarla. Sin embargo, en declaraciones a Biciclismo, el campeón olímpico frenó la psicosis que parecía instalarse en el equipo vasco afirmando que “su tren es el Euskaltel”. Aunque, por qué no decirlo, cuando el río suena… agua lleva. Y la salida de Samuel lleva sonando mucho tiempo.

Una Vuelta diferente (III)

sábado, 30 de agosto de 2008

30 de Agosto, Arueda.com

En la parte anterior de esta presentación analizábamos a los equipos españoles sin detenernos en los extranjeros, quince escuadras de las cuales algunas vienen para destacar y otras… únicamente para cumplir el expediente.


De cara a la general, indudablemente el mejor arsenal lo traen los kazajos de Astaná. El líder y gran figura del equipo, Alberto Contador, estará respaldado por dos vueltómanos consagrados como son el americano Levi Leipheimer y el alemán Andreas Klöden. Contador llega a esta Vuelta con el objetivo de completar la inigualable la proeza de ganar las tres grandes vueltas en el plazo 14 meses y con tan solo 25 años. Las circunstancias, a priori adversas, pueden recompensar al madrileño con un hito histórico. Por su parte, Leipheimer llega en un estado de forma casi óptimo, supeditado a Contador aunque capacitado para buscar sus propias oportunidades. No se puede decir lo mismo de Klöden, que llegará en su tercer pico de forma tras preparar específicamente las vueltas de Romandía y Suiza; teóricamente, acusará dichos esfuerzos. Junto a estos tres primeros espadas, ejercerán de gregarios dos expertos gregarios asturianos como Benjamín Noval y Chechu Rubiera, este último en su última carrera como profesional.

El otro gran nombre español para la victoria absoluta enrolado en un equipo extranjero es, sin lugar a duda, Carlos Sastre. El abulense de CSC, henchido de moral después de su brillante triunfo en el Tour de Francia tratará aprovechar los recovecos de una Vuelta a priori adecuada para él. Caben dudas sobre su rendimiento después de mantener la condición física de la gran ronda francesa hasta los Juegos Olímpicos. ¿Habrá podido recuperarse de los esfuerzos derivados de ello? También habrá que ver cómo afronta la carrera después de las declaraciones de su director Bjarne Riis, que afirmó hace unos días que Carlos “no era el futuro del CSC-Saxo Bank”. De cualquier manera, a su servicio estarán gregarios de postín como Kolobnev, Gustov o el burgalés Iñigo Cuesta.

Por su parte, los tres nombres foráneos teóricamente destinados a hacer frente a los españoles en la general son toda una incógnita. La bisoñez del holandés de Rabobank Robert Gesink crea dudas en torno a su rendimiento, a pesar de su reconocida calidad. El ucraniano de Silence-Lotto Yaroslav Popovych parece haber perdido aptitudes para las grandes vueltas, aunque cuenta a su favor con las ganas de revindicarse que atesora tras su decepcionante Tour de Francia. Por último, el italiano Damiano Cunego (Lampre) tiene también ciertas ansias de revancha contra quienes le criticaron por su discreta actuación del último Tour.

Ningún foráneo más parece capacitado para entrar entre los cinco primeros de la Vuelta a España, si bien hay algunos que apuntan a posibles sorpresas; habrá que tener un ojo puesto en Pierre Rolland (Credit Agricole), Oliver Zaugg (Gerolsteiner), Mauricio Ardila (Rabobank), Matthew Lloyd (Silence) o los Tinkoff Evgeni Petrov y Walter Pedraza. Bazas poco consistentes pero que podrían dar la campanada.

Mención aparte merecen Carlos Barredo (Quick Step) y Marzio Brusheghin (Lampre). El asturiano tratará de repetir su impresionante papel de la Vuelta’07, cuando fue décimo contra todo pronóstico; contará para ello con la ayuda del irundarra Juanma Gárate, quien por cierto ya ha anunciado que dejará el equipo belga el año que viene para correr en Rabobank. Mientras, el italiano irá a por la machada de completar las tres grandes vueltas en un mismo año y podría, de paso, ser una baza importante para la general… y para el trabajo en favor de su coequipier Damiano Cunego.

Sin embargo, si algo aportan los equipos extranjeros a la Vuelta son cazaetapas y sprinters. En el bando de los hombres con instinto ganador encontramos destacadísimos clasicómanos como Paolo Bettini (Quick Step), Filippo Pozzato (Liquigas), Philippe Gilbert (Française des Jeux), Alessandro Ballan (Lampre), Davide Rebellin (Gerolsteiner), Sylvain Chavanel (Cofidis) o Rinaldo Nocentini (AG2R). Todos ellos pueden hacer saltar la sorpresa en cualquiera de los numerosos finales nerviosos de esta Vuelta a España. También habría que apuntar en este grupo al ruso Mikhail Ignatiev (Tinkoff), que podría aprovechar la condición física de los Juegos Olímpicos para dar la sorpresa en los últimos kilómetros de cualquier etapa llana con un ataque ‘a lo Recio’.


Y, en la parte de velocistas, la gran ronda española vuelve a contar con el mejor elenco posible. Los líderes del sprint mundial Daniele Bennati (Liquigas), Tom Boonen (Quick Step) y Óscar Freire (Rabobank) estarán presentes en carrera. A su sombra, otros hombres con gran punta de velocidad como Danilo Napolitano (Lampre), Juan José Haedo (CSC), Leonardo Duque (Cofidis), Alexandre Usov (AG2R), el ajado Erik Zabel (Milram) o los jóvenes Nicolas Roche (Credit Agricole) Heinrich Haussler y Óscar Gatto (Gerolsteiner). Una nómina de velocistas tremenda, más aún teniendo en cuenta que falta el auténtico equipo especialista en las volatas, Columbia.

Una Vuelta diferente, como reza el título de este artículo y sus dos “hermanos” precedentes, que a la postre dependerá de la voluntad de los corredores para confirmar si el cambio ha merecido la pena o ha sido más efectista que efectivo. A priori, la participación es de lujo. Pero del dicho al hecho…

El tuerto Sastre y su sencillo vaivén hacia el éxito

lunes, 28 de julio de 2008

Arueda.com

Hijo de uno de los hombres más destacados del ciclismo de base español, Víctor Sastre, Carlos Sastre Candil (1975, Madrid) es uno de los grandes corredores españoles de la última década. Vueltómano, regular aunque algo más brillante como escalador en sus albores en el ciclismo. Su trayectoria profesional tiene dos nombres detrás, dos de los grandes directores de los últimos años: Manolo Sáiz y Bjarne Riis.

Fue Sáiz el que le rescató a finales de 1997 del filial amateur de Banesto para darle su gran oportunidad en la categoría reina con el mítico ONCE. Sastre contaba ya 22 años largos, lo cual en aquellos tiempos donde los ciclistas pasaban bastante menos hechos que en la actualidad equivalía casi a la senectud. Decidió aprovechar la oportunidad y salir de ese acúmulo de talento que era el Banesto amateur.

Su primer año completo como profesional fue de adaptación, su segundo empezó a dejar destellos (cuarto en Villafranca de Ordizia, octavo en Castilla y León) y su tercero… fue el de la explosión. El tremendo bagaje de puestos de honor de aquel año (cinco generales ó clásicas entre los diez primeros) no fue nada comparado con lo que sobrevino en septiembre, cuando Sastre fue la gran revelación de la Vuelta a España donde Casero y Heras lucharon cara a cara por la victoria. Octavo en la general final, segundo en la llegada a Ordino-Arcalís y ganador absoluto de la clasificación secundaria de la montaña. Su salto al estrellato.

En 2001 conoció el Tour, dando un rendimiento aceptable para ser debutante con una notable vigésima posición. Persistió en las generales de carreras de una semana y se hizo con la victoria en la etapa de la Vuelta a Burgos con final en San Juan del Monte. Llegó entonces el punto de inflexión de su carrera: el momento en que Manolo Sáiz le ofrece cuatro años de contrato para ser gregario de grandes líderes como Igor Galdeano ó Joseba Beloki y, por otro lado, Riis le ofrece uno con el riesgo de ser el gran líder del equipo para el Tour de Francia junto a Jalabert.

CSC era entonces un equipo en crecimiento. Patrocinado desde 1998 por Jack & Jones y Memory Card, a partir de 2001 la escuadra de Riis recibió la inyección económica del patrocinio de la marca informática CSC. Ese mismo año se fichó, con objetivo de garantizarse de nuevo la invitación del Tour que ya habían conseguido el año anterior, al crack galo Laurent Jalabert y al americano Tyler Hamilton. Sin embargo, ‘Jaja’ no estaba por la labor de sacrificarse en pos de generales y prefería luchar por etapas y por el maillot de puntos rojos de la montaña; por otro lado, Hamilton prefirió centrarse en el Giro al año siguiente. En 2002 quedaba así un puesto vacante, el importantísimo puesto de líder para el Tour de Francia. Ése fue el que ocupó CSC (Carlos Sastre Candil), cuñado del mítico ‘Chaba’ Jiménez e intrépido ciclista que rechazó un jugoso contrato a cambio de la posibilidad de ser más.

Su primer Tour con galones de líder se puede definir como satisfactorio. La ausencia de Ullrich dejaba al todopoderoso Lance Armstrong como único candidato real al triunfo, mientras el resto de corredores intentaba destacar a su sombra. Sastre, que previamente había participado en el Giro como gregario de Hamilton, completó un Tour regular que se saldó con una décima posición en la general… y un segundo puesto en la última etapa montañosa de aquella Grande Boucle, casi etapa reina, con final en La Plagne. Allí sólo le superó Michael Boogerd, compañero de escapada a pie de puerto. Sin embargo, el mayor de los orgullos para Sastre aquel día fue resistir a rueda de Lance Armstrong, que le cazó a unos kilómetros de final y no pudo soltarle. Fue el inicio de su sereno camino hacia el maillot amarillo.

2003, el año en que la mayor carrera cumplía el siglo de vida, Sastre consiguió uno de los hitos de su vida profesional con la victoria en la cima de Plateau de Bonascre. Fue en la edición más emocionante mientras el tejano tuvo su rancho en Francia, cuando se amenazó al potentado desde la primera semana. Esto no le vino bien al abulense, acostumbrado a empezar flojo y terminar con una tercera semana refulgente. Su clasificación en la general no respondía a lo esperado, los minutos perdidos se acumularon en exceso; su labor de gregario en favor de un Hamilton mermado por una fractura de clavícula tampoco le beneficiaba.

Así, en una de las etapas clave de la carrera con el paso por el Port de Pailhéres antes de llegar al Plateau de Bonascre, también llamado Ax 3 Domaines, Sastre planteó su ofensiva. En Pailhéres atacó junto a otro damnificado de las circunstancias en aquel Tour, Juanmi Mercado, e hizo camino hasta atrapar al fugado Chechu Rubiera. Posteriormente, el abulense daba un último tirón que descolgaba a Mercado y se hacía con la victoria. Sastre acabó noveno ése Tour, que dio para él un giro de 180 grados en la cima pirenaica.

La siguiente edición del Tour de Francia fue algo menos brillante. A pesar de que acabó mejorando un puesto en la general final (octavo), su labor de brega para Iván Basso (tercero en París) le mermó y coartó en carrera. 2005 no fue un año mejor para Sastre en el Tour; acabó 22º, su peor clasificación en la Grande Boucle, y no apareció en ningún momento que no fuera de trabajo para Basso.

En estos dos años, lo malo del Tour se redimió en la Vuelta a España: sexto en 2004 y tercero en 2005, segundo si consideramos que Heras fue descalificado de aquella edición de la gran ronda española por dopaje. En estos dos años, también, se inició en Carlos Sastre una costumbre un tanto molesta para el aficionado: sólo acumular resultados en las carreras más importantes de la temporada, pasando inadvertido el resto del año.

Llegó 2006, año crucial para Sastre por acontecimientos deportivos y extradeportivos. El destape de la Operación Puerto descalificaba a su líder para el Tour de Francia, el italiano Iván Basso, para quién había trabajado en el Giro de Italia. Así, en la salida de la Grande Boucle se presentaba con un equipo todopoderoso como CSC a sus órdenes. Además, las circunstancias de carrera le colocaron en una situación inmejorable: a sólo cuatro etapas del final era segundo de la general, con algo menos de dos minutos de desventaja sobre un líder aparentemente más débil que él, el gallego Óscar Pereiro, y con el hombre más fuerte de aquel Tour, Floyd Landis, hundido.

Pero llegó la etapa de Morzine, la maliciosa y acertadamente llamada DisneyLandis. El americano, por aquel entonces corredor de Phonak, se rehizo de su naufragio en la Toissure y emprendió una alocada escapada por los grandes puertos alpinos, desarbolando al bloque del Caisse d’Épargne capitaneado por Óscar Pereiro. CSC no colaboró en ningún momento en la caza del que se presentaba como gran amenaza para la victoria final de su hombre fuerte, nuestro protagonista. Finalmente, Sastre atacó en el último puerto de la jornada y logró recortar casi tres minutos de diferencia americano. Pero ya era demasiado tarde, se había metido en la carrera y posteriormente se la adjudicaría. Sastre acabó cuarto. Luego se supo que aquella exhibición portentosa de Floyd Landis tenía truco, y Sastre ascendió virtualmente al tercer lugar del cajón. En la Vuelta, Carlos volvió a ser cuarto en la carrera dominada por Vinokourov y perdida por Valverde en la bajada de Monachil.

El año pasado, el Tour de Sastre fue algo más mediocre. A pesar de que no diga eso su cuarta plaza final, el protagonismo del abulense fue tan limitado que no logró pasar del quinto lugar en ninguna etapa. Fue una Grande Boucle triste, marcada por la exclusión de Rasmussen; también fue una Grande Boucle alegre, marcada por la eclosión de Contador. La cruz y la cara de la moneda, que para Sastre cayó de canto. Un agridulce cuarto lugar logrado desde el anonimato. La Vuelta si fue algo más feliz, siendo segundo y el mejor si excluimos al superlativo Menchov del pasado septiembre.

¿Y esta vez? Esta vez, Sastre ha sido el mejor del Tour de Francia. Victoria sin paliativos, dando la única exhibición protagonizada por una cabeza visible del pelotón en momentos decisivos. Hay quien dice, en cruel referencia al nivel de la carrera este año, que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Lo cierto es que ha sido un Tour de ciegos, que no veían la manera de franquear el “terror psicológico” infundido por un Evans nervioso y conservador a partes iguales.

El único que ha sido capaz de abrir un ojo, el que ha visto que para noquear al australiano hay que atacarle, ha sido el Tuerto Sastre. Poniendo final feliz a su camino silencioso, progresivo, hacia el triunfo absoluto del Tour de Francia. A su sencillo vaivén.

Sastre, amarillo y gloria en Alpe d’Huez

miércoles, 23 de julio de 2008

23 de Julio, Arueda.com

Alpe d’Huez es una montaña legendaria, uno de esos nombres que están en la mente de todos los aficionados al deporte. Cada curva de Alpe d’Huez encierra una leyenda, portando el nombre de uno o dos de los hombres que han conseguido imponerse a sus rivales y a las circunstancias para hacerse con una preciada victoria en sus rampas. Cada tramo tiene su historia, su momento de gloria que es recordado cada vez que es recorrido por los esforzados de la ruta.

Desde el durísimo primer kilómetro, el de los gregarios, donde Chechu Rubiera y Roberto Heras reventaron en su tiempo a todo el pelotón en favor de Lance Armstrong. También está la zona, a falta de cuatro kilómetros del final, donde se acumulan los holandeses como los vascos en Pirineos; no en vano, Alpe d’Huez también es conocida como la montaña de los holandeses. En los últimos quinientos metros siempre se recuerda aquella curiosa caída de Giuseppe Guerini por un aficionado despistado que se interpuso en su camino cuando iba hacia la victoria; la victoria que al final consiguió.

Para los españoles también hay historias. La curva número 10 es la de Fede Echave, que ganó en 1987 mientras Delgado y Roche se retaban por detrás y el segoviano cogía el amarillo. La curva 20 la comparte Iban Mayo con Lucien Van Impe; inolvidable su exhibición mientras Beloki se enfrentaba a Armstrong en el Tour de su desgraciada caída. Desde hoy, siguiendo el orden, la curva 17 pasa a ser la de Carlos Sastre; la compartirá con otra leyenda como el pasional portugués Joaquim Agostinho.

El desarrollo de la etapa fue decepcionante. Rubén Pérez (Euskaltel), Peter Velits (Milram), Remy Di Gregorio (Française des Jeux) y el protagonista de ayer Stefan Schumacher (Gerolsteiner) conformaron la escapada. Di Gregorio perdía contacto en el llano entre los colosos de Aubisque y Croix de Fer; Rubén Pérez, en las estribaciones de este último, que eliminaba también a Schumacher más adelante. Quedaba solo por delante el sudafricano Velits, que después recibiría por detrás el apoyo de Jérôme Pineau (Bouygues Telecom) en el descenso de Croix de Fer. Todo eso daba un poco igual en una visión global de la etapa, pero era lo único que sucedía en esos instantes: CSC marcaba un ritmo poco exigente que dejaba a una treintena de ciclistas en el pelotón.

Se llegó al pie de Alpe d’Huez y no parecía que se pudiera esperar demasiado. Pineau seguía por delante ya en solitario, con un minuto sobre el grupo dominado (se dejaba dominar) por CSC. Y en el primer kilómetro llegó el primer hachazo. Carlos Sastre atacaba y se llevaba consigo a Denis Menchov; el inocente trabajo de Bernhard Kohl neutralizaba el demarraje. Sin esperar a reintegrarse de verdad al grupo de favoritos, Sastre volvía a tensar. Ésta fue la buena.

Dudas por detrás. Menchov se hundía, víctima de su fragilidad mental, y perdía contacto con el resto de grandes. Kohl tiraba de Evans; Valverde pedaleaba nervioso con unas buenas piernas que no tenía desde Cholet, AG2R acumulaba hombres en el grupo… y los hermanos Schleck movían el árbol, buscando cortar a Evans. En lugar de ello, lo acercaban a su compañero de equipo y teórico jefe de filas. Cayeron una y mil veces en ese error de juveniles; a pesar de ello, Sastre siguió haciendo hueco, infatigable. Los treinta segundos que manejó durante dos kilómetros se convirtieron en cincuenta, lo cual propició que el coche de equipo conducido por Kim Andersen y que llevaba a su mecánico y compañero de fatigas Alejandro Torralbo arribara a su vera. Golpe moral, la ventaja era de un minuto y, en un abrir y cerrar de ojos, paso a ser de dos.

Evans no encontraba quien le hiciera carrera; mejor dicho, quien se la hiciera bien. Tocado ya Kohl, Goubert y Efimkin, de AG2R, se iban alternando para mantener un buen ritmo que beneficiara a su jefe de filas Valjavec. Y ese ritmo permitía que Sastre aumentara su ventaja. Después, Evans empezó a tomar la responsabilidad en primera persona; Menchov y Samuel Sánchez volvían al grupo. Algo no marchaba bien. Los ataques no tenían continuidad: la ingenuidad de los Schleck se tornó en maestría para hacer de secantes de cada cambio de ritmo que tenía lugar entre los favoritos. Vandevelde, Efimkin, Valverde, Kohl… todos debían frenar al verse con la incómoda compañía de uno de los luxemburgueses. Sastre seguía delante; iba con menos alegría, pero con la suficiente para seguir haciendo hueco.

El último ataque, el que valió, fue de un Samuel Sánchez que arrancó con una fuerza bastante apreciable a poco más de un kilómetro para meta. A su rueda, Andy Schleck. Esto no importó al asturiano, que sólo quería ser segundo y en nada perturbaba a Sastre. La pasividad de un Evans reventado, un Menchov hundido aunque su situación en carrera no fuera catastrófica. El reventón juvenil de Kohl, el puntito que le falta a Vandevelde para ser un grande y no un gregario de lujo que aprovecha su libertad. Esos factores se juntaron para permitir a Sastre, por un lado, y a Samuel y Andy por otro, para hacer camino. También la permisividad de Valverde, que perdonaba a pesar de su insultante facilidad sobre la bici.

Sastre llegó a meta, maillot cerrado y gesto extenuado, con 2’03” sobre Samuel y Schleck, que se jugaron al sprint la segunda plaza; sonrió la fortuna al más rápido, el asturiano de Euskaltel. A 2’13” apareció el grupo de favoritos, liderado por el murciano Alejandro Valverde y por el hasta ahora líder Frank Schleck; Evans perdía dos segundos en una etapa negra para él.

Diez minutos después ya se sabía la general. Sastre sacaba 1’24” al siguiente, su compañero Frank Schleck, y 1’34” y 2’39” a sus máximos rivales por mor de la contrarreloj, Cadel Evans y Denis Menchov. El abulense tuvo un recuerdo para su cuñado Chaba Jiménez y declaró que la táctica, que parecía caótica dado el mal uso de sus fuerzas por parte del equipo CSC, era que él atacara desde la base del Alpe d’Huez.

Pero… ¿qué más da? ¿Qué importan las tácticas, las diferencias y lo que queda por venir cuando uno ha entrado en la gran Historia del ciclismo? Un triunfo épico en Alpe d’Huez significa la gloria. Y resta importancia a lo que queda por venir