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Un digno final para una carrera marcada

viernes, 2 de octubre de 2009

¿Óscar Pereiro a Xacobeo?
Arueda.com

Suena estimulante y suena también natural. Óscar Pereiro, nacido en Mos hace 32 años, está en declive desde que ganó el Tour de Francia de 2006. Un éxito precioso que ilumina su palmarés por sí sólo, que eclipsa al resto. Un éxito que, por otra parte, fue una maldición. Si encontramos algún corredor parecido al mítico Roger Walkowiak en el ciclismo moderno, ése es el gallego.

Fuera del ambiente ciclista no se recuerda como era el Pereiro de antes de aquel Tour. Dentro... es difícil recordarlo. Parecen dos corredores diferentes. El Pereiro pre2006 era un corredor combativo, sin nada que perder, capaz de ganarse la vida compitiendo en el modesto Porta da Ravessa. De embarcarse a la aventura en Phonak de la mano de Álvaro Pino para clasificarse undécimo en el loquísimo Giro'02. De acumular fugas y más fugas en el Tour'05 hasta conseguir una victoria; y, de remate, cazar otra fuga más para colocarse décimo en la general final. Ése era Pereiro.

Precisamente, fue siendo él mismo como se arruinó. En el Tour de 2006 partía de colíder de Caisse d'Épargne junto a Alejandro Valverde. El murciano fue eliminado por una caída a las primeras de cambio, él era jefe de filas único y falló en Beret. Casi veinticinco minutos de desventaja le animaron para filtrarse en una fuga camino de Montélimar junto a Chavanel, Voigt, Quinziato y Grivko. Lo recuerdo como si fuera ayer, cómo Grivko atacó y se desfondó a unos treinta kilómetros de meta. Acabó perdiendo seis minutos. Después Voigt hizo uno de sus demoledores demarrajes, Óscar se fue con él. Victoria para el alemán, el español esperaba nervioso en meta junto al locutor de TVE (¿era Carceller?). La ventaja necesaria para alcanzar el maillot amarillo, algo más de 28:30, se había superado en referencias intermedias pero parecía imposible en meta por cuanto el pelotón aceleraba en preparación del sprint por los puntos del maillot verde. Finalmente fue posible, Pereiro se puso líder con minuto y medio sobre un Landis cuyo Phonak decidió no perseguir para dejarle el trabajo de controlar la carrera al Caisse d'Épargne.

Con lo que no contaba Landis era con Pereiro aguantando como un jabato. Tampoco con el brutal petardazo que el propio americano iba a dar en La Toissure. Aquello le desquició. Al día siguiente, en una de las últimas burradas del ciclismo de los pinchazos y en una de las etapas más bonitas que se han visto en el Tour en los últimos años, Landis le dio la vuelta a la carrera con una exhibición camino de Morzine y pasando el durísmo Joux Plane. Él sólo reventó la fuga del día, reventó al pelotón que le perseguía, reventó todo. En la última crono acabó de consumar su remontada. Reventó dos carreras cuando dio positivo por testosterona. La primera, el Tour de Francia de 2006. La segunda, la carrera deportiva de Óscar Pereiro.

Los meses siguientes fueron de incertidumbre, de desmotivación, de agobio. El gallego estaba acorralado por el positivo de Landis, que le convertía en ganador legal del Tour, y por la negativa de ASO ha reconocerle este mérito. Se convirtió en un hombre mediático, y cada entrevista era lo mismo: ¿Cómo te sientes? ¿Cuándo te dan el Tour? ¿Qué injusto todo, verdad? Extenuante. A partir de entonces, Pereiro fue una sombra.

Aunque 2007 no fuera del todo un mal año, su décimo lugar en el Tour supo a poco al aficionado no especializado aunque fuera lógico para aquel que conociera el desempeño normal del gallego. 2008, sin presión por contar con el curioso paraguas de la decepción y con el escudo de un Valverde dispuesto a centrar los focos en la gran ronda francesa, parecía su temporada para la resurrección. Lo estaba siendo. Óscar lo reconocía, volvía a disfrutar sobre la bici y a ser él mismo. Atacaba, se fugaba, volvía a ser un corredor combativo que, por ejemplo, mostraba una faceta olvidada: gran descendedor. Mejor descendedor que escalador, de hecho. Y fue en una bajada donde todo volvió al suspense: en el Col d'Agnello, una caída escalofriante por un terraplén, de carretera a carretera. Todos los corredores de Caisse d'Épargne arremolinados en torno a él, Chente García Acosta pensaba que había muerto. No. Se había quedado afectado, rotos algunos huesos. Pero había salvado la vida.

Si humanamente había sido un mazazo, más aún lo había sido desde el punto de vista deportivo. La caída fue otro antes y otro después. Porque antes era difícil motivarse, pero después resultaba imposible. Se dudaba incluso de la continuidad de Pereiro en el pelotón este 2009. Sin embargo, el talentoso corredor gallego decidió intentar cumplir su contrato, y lo hizo funcionarialmente. Provocó un divorcio en el seno de su equipo. No se veía bien de cara al Tour, intentó forzar, pero camino de Envalira claudicó. Unzué, disconforme, manifestó meses después en El Mundo Deportivo que "debería haberme liado a hostias con él", una afirmación exagerada que sin embargo dice mucho. A Pereiro ya no se le quiere deportivamente en la formación bancaria, que le ha enseñado la puerta de salida. Ya habla de ella como si de un ex equipo fuera, a pesar de que dentro haya dejado "grandes amigos" gracias a su carácter extrovertido.

Pero ese no es final para un corredor tan brillante como él. Óscar no se debe conformar con retirarse en silencio, en salir por el arrastre en lugar de por la puerta grande. Aún tiene ofertas, de todos aquellos que saben que su problema no está tanto en las piernas sino en la cabeza, que es al fin y al cabo la que gira los pedales. Liquigas se ha interesado por él; incluso el Radioshack de Lance Armstrong. Pero su lugar está lejos de esos destinos internacionales en los que lleva, al fin y al cabo, tanto tiempo. Sería igual de difícil motivarse. Su destino está más abajo, en un lugar donde recibir el cariño que merece. En Xacobeo.

Los últimos días han estado llenos de rumores. Todos van en la misma dirección. Óscar quiere irse a Xacobeo, que necesitaría un nuevo patrocinador para asumir su ficha. El corredor está dispuesto a poner de su parte, a bajar su caché e incluso a no cobrar. Pino no le haría ascos si así fuera; no hay que olvidar que fue el preparador gallego quien fichó a Óscar para el equipo Phonak en 2002, consciente de sus posibilidades. Su rol en la carretera no sería tanto el de líder, ése es para Mosquera, sino el de ciclista libre que pueda aprovechar sus buenos días para destacar. Incluso, por qué no, Pereiro se puede adaptar al papel de gregario como ya ha hecho en varias ocasiones.

Más importante que su rol en la carretera sería su rol fuera de ella. Pereiro es una de esas personas nacidas para ser estrella, para presentar programas de televisión y ser, en definitiva, famoso. Un gancho mediático. El hombre capaz de amarrar la continuidad del patrocinio por parte de las autoridades gallegas al equipo Xacobeo: el cambio de gobierno lo ha puesto en duda. Y más aún con el asunto del Dr. Beltrán, médico que entró a trabajar en Xacobeo mediada la Vuelta y resultó estar implicado lateralmente en los positivos de Héctor Guerra, Nuno Ribeiro e Isidro Nozal en Portugal. Que Óscar estuviera en Xacobeo amarraría el futuro de la estructura gallega.

En los últimos días, Pereiro se ha reunido con el nuevo Secretario Xeral do Deporte de la Xunta de Galicia para tratar su incorporación al equipo Xacobeo. Para tratar la continuidad del equipo. Para hacerle un último favor al ciclismo gallego. Para hacerle un último favor a su mentor Álvaro Pino, para hacerse un favor y terminar con la cabeza bien alta su vida deportiva antes de empezar su vida en la fama más hedonista. Para darle un digno final a una carrera marcada.

Sueños que se culminan en el Mont Ventoux

sábado, 25 de julio de 2009

Arueda.com

“He soñado que me cogía Alberto. He soñado que me cogía y me dejaba ganar”. Palabras de Juanma Gárate. Hay veces que los sueños se hacen realidad, al menos en parte. En los sueños del aficionado al ciclismo español para la etapa de hoy quizá hubiera algún nombre diferente para el ganador, pero el desarrollo difícilmente podría haber sido mejor. Etapa para el irundarra Juanma Gárate, general para el pinteño Alberto Contador.

La apuesta de los organizadores del Tour de Francia al situar la subida decisiva al Mont Ventoux el penúltimo día era muy arriesgada. Ha sido muy denostada, se hablaba de que el conservadurismo imperante en los planteamientos tácticos de los principales favoritos convertiría el Tour de Francia en una clásica. Todo se iba a determinar en la vigésima etapa, el resto de la carrera iba a estar completamente descafeinada.

La apuesta de los organizadores salió bien

Sin embargo, esta vez los ciclistas han dado la razón a los organizadores. Los desautorizaron con la triste protesta por el experimento del día sin pinganillo. Hoy les han guiñado el ojo y les han trazado el camino a seguir: el último día decisivo no debe ser una contrarreloj, sino un final en alto cuya dificultad permita el movimiento de los favoritos de la clasificación general. Así habrá emoción como la que hemos tenido hoy, donde sólo estaba definido el maillot amarillo merced al dominio de Contador. El resto estaba en el aire, en el aire que sopla en el Mont Ventoux.

Ha sido una hora de ciclismo para el recuerdo. Antes ha habido poca tela por cortar para el aficionado, pero mucha para el corredor: el ritmo al que se desarrollaron los 167 kilómetros de recorrido fue altísimo. La fatiga se acumuló, y ello favoreció que al pie del Mont Ventoux apenas llegaran una veintena de ciclistas en el pelotón. El resto, damnificados y en muchos casos desmotivados (Evans, Sastre, Menchov...), decidieron dejarse ir en vista del elevado paso marcado por un Astaná que perseguía la fuga de dieciocho hombres que viajaba en cabeza.

El Mont Ventoux define la carrera

Dicha fuga había llegado a alcanzar los nueve minutos de ventaja, exagerados, a cincuenta de meta. A cuarenta, llevaban 8:25. A veinte, tan sólo 4:34; una sencilla muestra de cómo de rápido rodó Astaná. Se empezó a subir el Mont Ventoux y, por delante, muy pronto se marcharon en cabeza tres ciclistas. El jovencísimo alemán Tony Martin (Columbia) cogió el peso y era quien más relevaba; Juan Manuel Gárate (Rabobank) iba muy fuerte, pero más escondido; el combativo Christophe Riblon (AG2R) intentaba agarrarse a la rueda de los dos primeros, pero acabó cediendo mediada la subida. El gran reto era mantener la serenidad para así conservar también la distancia, algo difícil con la guerra que se montaba atrás...

En el grupo de favoritos, Saxo Bank tomó la iniciativa. Chris Anker y Nicki Sörensen quemaron sus naves en cinco kilómetros, suficientes para seleccionar aún más el paquete y dejarlo en poco más de una decena de ciclistas. Preparaban el terreno para el ataque de un Andy Schleck devastador, fortísimo, que se destacaba una y otra vez para que su hermano Frank le cogiera rueda con objeto de dejar atrás a Lance Armstrong, su gran rival por el tercer cajón del podio. Pero no hubo manera; Frank no le seguía. Su sombra era siempre Contador.

Varios kilómetros pasaron Schleck y Contador con un centenar de metros respecto a Wiggins, Klöden, Armstrong y Frank Schleck, que se marcaban descaradamente en su lucha por el podio. A su alrededor, secundarios como Jurgen Van der Broeck (Silence) o los hombres de Liquigas Roman Kreuziger y Vincenzo Nibali. Precisamente este último encendió las alarmas con un ataque que nadie respondió y le llevó hasta la rueda de Contador y Andy. Se metía con los grandes, hacía distancia, estaba a sólo dos minutos del podio.

Nibali casi dio la vuelta a la tortilla

La ventaja crecía paulatinamente, ya sólo le quedaba un minuto más que recortar para colocarse tercero en la general y forzó la reacción trasera. Klöden impuso una aceleración que llevó al resto de contendientes por el podio hasta la rueda del trío destacado, eliminándose de paso para la lucha por el podio. Andreas Klöden sacrificó sus opciones por Armstrong; trabajo de equipo. Quedaba así un grupo de una decena de corredores que se miraban tensamente, mientras por detrás entraban nuevos actores: Franco Pellizotti, vistiendo el maillot de topos rojos, demarraba y se marchaba en busca de Martin y Gárate, apenas con un minuto de ventaja en cabeza. El resto, vigilantes.

Unos kilómetros después, los Schleck intentaron unos últimos demarrajes que tuvieron como víctimas a Wiggins, sufridor, y a un Nibali que pagó el esfuerzo. Armstrong y Contador, sin embargo, se mantenían a rueda; el checo Kreuziger, que ha esperado al último día para mostrar lo que muchos expertos aseguran, que es un superclase capaz de ganar el Tour en unos años. De poco sirvió a los de Saxo Bank esos últimos tirones; apenas para cazar a Pellizotti, que aún marchaba destacado. El podio era ya inabordable; la victoria de etapa, también.

La victoria en la cima, entre Gárate y Martin

Se la jugarían por delante Gárate y Martin. Algo más de cuarenta segundos de ventaja eran suficientes. El irundarra encendió la mecha a un kilómetro y medio de meta, con un ataque alegre que fue neutralizado por el potentísimo Martin a los pocos segundos. Siguió el alemán tirando, y con ello regaló la etapa a un Gárate que sólo tuvo que tensar a doscientos metros de meta para hacerse con la victoria.

Una victoria, sin duda, especial. Soñada, aunque de otra manera. A sus 33 años, culmina una carrera meritoria, más valorada fuera de España que en territorio nacional, donde brillan es especial dos cuartos lugares en sendos Giros de Italia y un campeonato de España. Desde ahora, también, brillará otro hito: uno de los pocos ciclistas del mundo capaces de ganar en las tres grandes vueltas. En la Vuelta'02, vestido de Lampre, ganó en Vinaroz. En el Giro'06, vestido de Saunier, ganó en San Pellegrino. En el Tour'09, vestido de Rabobank, ganó en el Mont Ventoux. Sueños de cualquier ciclista que para él se han hecho realidad.

Astarloza consigue la felicidad que merece

miércoles, 22 de julio de 2009

Con perdón: olé por los cojones de Astarloza
22 de Julio, Arueda.com

En cualquier religión, filosofía e incluso ideología política o económica se parte, de manera encubierta o no, de la siguiente premisa: la felicidad hay que merecerla. Hay que portarse bien, poner la otra mejilla; Kant diría que la felicidad es paralela a la buena voluntad, Marx que de una suma de comportamientos cívicos nacería una sociedad mejor y más justa. Mikel Astarloza, por su parte, diría que para conseguir algo no hay nada mejor que ir a por él, intentarlo una y otra vez. Porque tanto va al cántaro a la fuente que, al final, se rompe.

Hoy Astarloza ha ido cuatro veces con el cántaro a la fuente infructuosamente. Por delante se había formado una fuga cuyos integrantes más destacados eran Franco Pellizotti (Liquigas), Jurgen Van der Broeck (Silence), Vladimir Karpets (Katusha) y Fabian Cancellara (Saxo Bank). Junto a ellos, alrededor de una quincena de ciclistas, incluyendo tres compañeros de equipo de Mikel: Rubén Pérez, Gorka Verdugo y Egoi Martínez, con el maillot a puntos rojos entre ceja y ceja.

Astaná no pudo controlar las fugas

Pronto Pellizotti y Karpets se distanciaron del resto de la fuga, como para demostrar que eran los más interesados en que la escaramuza llegara a buen puerto y, sobre todo, los más fuertes. No era para menos: Pellizotti prácticamente se aseguraba la clasificación de la montaña, y Karpets por su parte estaba a apenas cinco minutos en la general y podía acortar distancias.

Esta última circunstancia, unida a la presencia de gregarios de los principales líderes, motivó que Astaná no quisiera dejar que la fuga hiciera camino. Sin embargo, el bloque dirigido por Bruyneel no está tan fuerte como los primeros días. Ha sufrido mucho desgaste, el liderato fáctico ejercido a pesar de que el amarillo estuviese en poder de Nocentini es un castigo tremendo. Hoy se ha hecho notar: no pudieron tumbar la escapada del día a pesar de intentarlo, aunque después mantuvieron el tipo en los ataques posteriores de quienes se querían unir a la fiesta...

La escapada del día, gran protagonista del espectáculo

Hasta que finalmente claudicaron. Antes, numerosísimos demarrajes y grupitos se formaron; Astarloza estuvo hasta en cuatro de ellos. El quinto y último, el bueno, lo formó con Goubert, Lefévre... y su compañero Igor Antón, que se vació para introducirle en el grupo de escapados, que transitaba a toda velocidad en persecución del dúo formado por Karpets y Pellizotti. Ambos coronaron el Gran San Bernardo en cabeza para después ser absorbidos en el descenso. Quedaba así un grupo de 18 ciclistas con alrededor de cinco minutos sobre el pelotón tirado por Astaná y tres Euskaltel (Antón, Verdugo y Astarloza; Rubén Pérez y Egoi Martínez se habían descolgado) vaciándose en pro de las opciones del propio Astarloza.

Se comenzó a subir el Pequeño San Bernardo y, de inmediato, se empezó a mover el árbol en la escapada. Pellizotti y Van der Broeck demarraban una y otra vez para seleccionar el grupo, mientras Astarloza llegaba con sufrimiento hasta su rueda segundos después, también una y otra vez. En la tentativa buena llegó a su estela también el francés de Cofidis Amäel Moinard, un combativísimo escalador de segunda fila llamado a un puesto entre los diez primeros del Tour en los próximos años. Detrás se formó un cuarteto con Casar (Française des Jeux), Fédrigo (Bbox), Roche y Goubert (AG2R). El resto de escapados fueron cazados por el pelotón.

Schleck lo intentó de nuevo

Mientras tanto, por detrás, también había tela por cortar. Andy Schleck había anunciado movimiento y parecía dispuesto a efectuarlo, a pesar de las dificultades pasadas en la primera ascensión del día. Y, efectivamente, Saxo Bank comenzó a tirar por detrás con fortaleza. Larsson, Nicki Sörensen y Chris Anker Sörensen seleccionaron el grupo, aumentaron el paso y eliminaron a todos los gregarios de Astaná. Preparaban el terreno para el ataque de los hermanos Schleck que, poderosos, saltaron llevándose a rueda otros cuatro ciclistas: el sorprendente Wiggins (Garmin), Nibali (Liquigas), Klöden y el gran líder Contador (Astaná), que mostró una fortaleza superlativa y, por encima de todo, solidez. Mucha solidez, pocos nervios; el camino hacia la victoria en París parece perfectamente trazado.

Faltaban varios en ese grupo de favoritos. Con Menchov (Rabobank) ya no se contaba, puesto que se había descolgado al principio de la ascensión. Sí fue más inesperado ver detrás a Cadel Evans (Silence), al quejumbroso Carlos Sastre (Cervélo) y, sobre todo, al gran foco de atracción mediático Lance Armstrong (Astaná). Los tres se habían quedado en un grupo retrasado, con toda la segunda fila del Tour a la que, supuestamente, no pertenecen. La sensación de decepción con respecto de la terna de favoritos caídos era fehaciente.

Pero, muy pronto, Armstrong quitó toda esa sensación. El americano dio la mayor exhibición individual en un Tour desde que Cancellara se impusiera el año pasado en Compiégne destrozando a todo un pelotón lanzado al sprint. Lance saltó desde el grupo y, en apenas kilómetro y medio, recortó los 45 segundos de retraso que acumulaba. Fue un ataque portentoso, especial, majestuoso. Empalmó con los seis favoritos que se habían destacado, que a su vez se detuvieron indecisos y dieron posibilidad al resto de ciclistas de segunda fila de reintegrarse con los mejores. Mejor dicho, a casi todos: Evans y Luis León Sánchez (Caisse) no pudieron hacerlo y perdió tres minutos en meta.

Astarloza resolvió la etapa a la perfección

El descenso del Pequeño San Bernardo, casi cuarenta largos kilómetros, apenas cambió nada; sólo apretó un poco las diferencias y eliminó al poderoso Jens Voigt (Saxo Bank), integrante de la fuga entonces situado en el grupo de favoritos que cayó aparatosamente al suelo y se vio forzado a abandonar. Por delante, el cuarteto formado por Pellizotti, Van der Broeck, Moinard y Astarloza caminaba con decisión mientras el cuarteto perseguidor se acercaba. A cuatro kilómetros de meta eran sólo siete los segundos de diferencia entre ambos grupos.

Encendió la mecha Moinard, con un ataque cuesta abajo poco efectivo que respondió rápidamente Van der Broeck. Una vez neutralizado ese movimiento, los fugados se miraron peligrosamente: se les echaban encima. No había tiempo. Astarloza lo entendió, leyó la carrera y se lanzó. Nadie respondió, abrió hueco en un santiamén y los otros tres comprendieron que se les habían agotado las opciones de victoria. El guipuzcoano de Pasajes, el primo de Chaurreau que empezó como profesional en AG2R, se hacía con una victoria que soñaba desde niño.

Era un premio. Para el trabajo realizado por Euskaltel durante todo este Tour, para las numerosas escapadas protagonizadas, para la labor de equipo por el maillot de la montaña de Egoi y la general ó victoria de etapa de Astarloza. El premio se lo llevó quien más se lo merecía, el corredor de menor clase capaz de entrar entre los diez primeros del Tour. Sólo a base de actitud, compensando su tosca manera de pedalear y su calidad limitada con una capacidad de sufrimiento fuera de lo común. La felicidad está más fácil para unos que para otros, unos son más buenos que otros. Pero se puede llegar a ella sin tantas capacidades, pero con más coraje.

Luis León revindica a los equipos españoles

sábado, 11 de julio de 2009

Arueda.com

Al principio del Tour nos preguntábamos cuál iba a ser el papel de los equipos españoles. ¿Comparsas? Hoy nos han respondido Caisse d'Épargne y Euskaltel metiendo a tres de sus hombres entre los cinco primeros en una de las etapas más duras y espectaculares del Tour de Francia. El ciclismo español ha brillado con luz propia a pesar de la triste retirada de Óscar Pereiro y no ha sido con Sastre y Contador, sino con un Luis León Sánchez ganador en estado de gracia y un pundonoroso Astarloza.

Sin embargo, no todo ha sido hoy lucha por la etapa. Contra todo pronóstico, la batalla por la clasificación general se ha librado hoy también, en un perfil no demasiado propicio para ello. Hay muchos corredores con aspiraciones y ganas de revindicarse; unos porque ven que se acaban sus mejores años, como Evans, y otros porque están deseando que esos años maravillosos lleguen cuando antes y ponen ambiciosamente las tinajas antes que los olivos, como Andy Schleck. Eso, claro está, favorece el movimiento.

Los favoritos atacaron desde el inicio

Precisamente estos dos hombres han sido los dos grandes protagonistas del inicio de la etapa. Se subía el Port d'Envalira de salida, un coloso andorrano cuyas pronunciadas pendientes se suavizan con un asfalto excelente. Ahí se planteó una gran batalla, superlativa, con ataques y contraataques de muy diverso género en los cuales se mostró muy activo el equipo Euskaltel con elementos como Txurruka, Verdugo ó el ayer escapado Egoi Martínez.

La cosa tomó otra cariz cuando, transcurridos diez kilómetros de subida, el grupo de fugados empezó a engordar peligrosamente ante la incapacidad del AG2R del líder Nocentini para controlar la carrera. Casi cuarenta ciclistas por delante y, filtrados entre ellos, tres de los favoritos al podio e incluso a la victoria final: Andreas Klöden (Astaná), Andy Schleck (Saxo Bank) y Cadel Evans (Silence). La presencia de estos dos últimos puso nervioso al Astaná de Armstrong y Contador, que a pesar de haber filtrado al citado Klöden tomó el mando y acabó formando una escabechina en el pelotón para neutralizar a gran parte de los fugados...

La cabalgada de Cadel Evans

… Pero no a todos. El aussie Cadel Evans quedó por delante, acompañado de Egoi Martínez, Christophe Kern (Cofidis), David Zabriskie (Garmin), el compañero del líder Vladimir Efimkin y un Sandy Casar (Française des Jeux) que se mantuvo con unos metros de ventaja respecto del grupo durante la ascensión para asegurarse los puntos para la clasificación de la montaña. Estos fugados coronaron Envalira con alrededor de un minuto respecto del gran grupo tirado por Astaná y, durante el descenso, recibieron a otros cuatro integrantes: el hasta ayer maillot amarillo Fabian Cancellara (Saxo Bank), Thor Hushovd (Cervélo), Juan Antonio Flecha (Rabobank) y George Hincapie (Columbia).

Este nuevo grupo de diez hombres sí era muy peligroso, y Astaná lo comprendió de inmediato. Puso una marcha más e, instantes después de acabar la bajada, consiguió neutralizar a Egoi, Kern, Zabriskie y, sobre todo, Evans, que se dejaba ir en vista de que su presencia resultaba incómoda para los grandes favoritos y su batalla, sin más ayudas, estaba perdida de antemano.

La fuga ganadora se fraguó antes de Porte

Así las cosas, quedaba en cabeza de carrera un grupo de seis buenísimos ciclistas, poderosos rodadores capaces de hacer camino en el llano... pero algo limitados en la montaña. Para solventar esto último, desde atrás llegaron cuatro nuevos elementos para la fuga: Luis León Sánchez (Caisse d'Épargne), Mikel Astarloza (Euskaltel), Sebastian Rosseler (Quick Step) y Mikkhail Ignatiev (Katusha). Este último, muy nervioso, fue incluso un problema para el grupo de escapados: demarraba constantemente, rompiendo el ritmo, si bien hay que decir en su favor que era el primero a la hora de dar relevos duros.

Cuando se enfrentó a las rampas del Col de Porte, el grupo de diez se empezó a desmembrar. La respetable pendiente, los cambios de ritmo forzados por Ignatiev, los tirones buscando la selección de Luis León; todo en conjunto resultó en una situación demasiado dura para Hincapie y Cancellara, que cedieron a las primeras de cambio. Algo parecido sucedió en el siguiente puerto, el difícil Agnés, donde ya sólo quedaron Luis León, Astarloza y Efimkin en cabeza, con Sandy Casar coronando a unos pocos segundos que limaría en el descenso para reintegrarse al grupo.

Andy Schleck, batallador en el grupo

En el pelotón, mientras tanto, el paso lo marcaba AG2R. Cómodos, los hombres de Vincent Lavenu se metieron en el papel de gregarios para un Rinaldo Nocentini cuyo liderato se antoja efímero y rentable para el conjunto de la marca de seguros. Hasta alrededor de cuatro minutos de ventaja dejaron a la cabeza de carrera, mientras notaban como el pelotón se iba haciendo más y más grande hasta llegar casi al centenar de unidades. Parecía que la carrera ya había acabado para los favoritos, que habría que esperar hasta el paso de mañana por el Tourmalet para ver de nuevo a los grandes pelear por la general...

Pero no. Saxo Bank planteó de nuevo batalla. Arrebató la cabeza del grupo a AG2R e impuso un ritmo altísimo con Arvesen y Sörensen entre otros, para terminar con un ataque del campeón de Luxemburgo Andy Schleck. Ataque estéril. Rápidamente saltaron a su rueda cuatro Astaná para certificar el dominio incontestable que el equipo de Bruyneel ejerce sobre la carrera. Tras ellos, el resto de favoritos con mayor o menor dificultad. Sólo había sufrido de verdad con este ataque el líder Nocentini, que guiado por Goubert intentaba regular para volver con los mejores antes de acabar el puerto. Lo consiguió, toda vez que los de Riis cejaron en su intento de dinamitar la carrera. Quizá mañana, piensan, sea otro día.

La resolución de la etapa, vibrante

A las puertas de Saint-Girons llegó el grupo de cuatro escapados con una ventaja oscilante entre los dos minutos y el minuto y medio. Era lo de menos: ya sólo interesaba el triunfo. Ninguno de los cuatro tiene un interés real por la general. Sin embargo, lejos de especular, el grupo prosiguió su marcha hacia meta a un ritmo elevado. Rompió las hostilidades Mikel Astarloza con un ataque tartamudo que claudicó pronto y fue respondido por Vladimir Efimkin, más fresco que sus compañeros de escapada al estar exento de pasar a los relevos por estar su equipo tirando por detrás.

El ataque de Efimkin, a tres kilómetros de meta, estuvo cerca de ser el decisivo. El ruso mantuvo el paso y desafió a Casar, Luis León y Astarloza a atraparlo. Si podían. Parecía que no, Luis León incluso hacía gestos con la cabeza: “no, no, no”. Era demasiado, parecía demasiado. Efimkin iba raudo, tenía tres segundos de ventaja que parecían insalvables para los otros tres; hacía falta un tirón de verdad que los enjugaran. Lo tuvo que dar Luis León, que quizá sacrificaba con él sus últimas fuerzas. Parecía que sí.

A 300 metros de la meta, Luis León rebasaba a Efimkin con Casar a rueda y Astarloza algo más retrasado. El francés se apresuró a remacharle entonces, no cayó en que cometía un error al dar por muerto a Luisle, que cogió su rebufo y esperó cincuenta metros, lo justo, para lanzar el sprint y birlarle el triunfo de etapa, que a la postre pasó a ser el segundo del murciano en un Tour de Francia. Astarloza llegó tercero. El grupo entró en meta a 1'54”, encabezado por un Rojas que ganó el sprint y alzó los brazos para señalar al marcador electrónico que reflejaba la victoria de su compañero de equipo y paisano. La primera victoria de un español en este Tour, la primera de los equipos españoles que hoy han dejado bien a las claras que, aunque sin candidatos al maillot amarillo, no han venido a la gran ronda francesa a ser comparsas.

El nuevo La Vie Claire avasalla en la CRE

martes, 7 de julio de 2009

7 de Julio, Arueda.com

Había dudas en torno a cuál sería la actuación del equipo kazajo en esta contrarreloj por equipos. Había dudas, en especial, en torno a cuál sería el feeling entre sus hombres después de la sorprendente etapa de ayer, donde Armstrong se filtró en un corte junto a Zubeldia y Popovych y consiguió una renta de cuarenta segundos más valiosa en el plano moral que en el deportivo. Valiosa, especialmente, con respecto de un Contador que se perfilaba víctima real del movimiento realizado desde el coche del director Johan Bruyneel, que por otro lado fue impecable tácticamente.

En la prueba de hoy, sin embargo, todo ha sido diferente. Los nueve hombres de Astaná han dado lo máximo de sí mismos, desmintiendo cualquier mal ambiente en el equipo. Grégory Rast y Dimitri Murayev se cortaron antes de la mitad de la carrera, sus compañeros son de un nivel mucho más alto que ellos, meros gregarios. El resto rodaron a una velocidad endiablada: Paulinho, Zubeldia, Popovoych, Leipheimer, Klöden. Contador. Y, sobre todos, Armstrong. El americano dio toda una exhibición. Sólo le faltó la guinda del maillot amarillo, que mantuvo por centésimas el poderoso suizo Fabian Cancellara.


Una CRE nunca vista en el Tour

El recorrido de la contrarreloj por equipos se las trajo. El propio Lance Armstrong lo avisó en su Twitter hace una semana: “olvidad todos vuestros pronósticos, esta CRE es totalmente diferente”. No pudo acertar más. Lejos de ser un trazado típico, con anchas carreteras llanas donde las mejores escuadras pudieran desplegar toda su potencia, la ruta estuvo sembrada de encerronas, repechos ratoneros, calzadas estrechas y, sobre todo, curvas peligrosas. Una en especial, a los pocos metros de salir, causó varios estragos: en ella se fueron al suelo Bingen Fernández (Cofidis), Allesandro Ballan (Lampre) y Denis Menchov (Rabobank), que perdió en meta otros 2'20” que le sitúan en la general con cuatro minutos de desventaja casi insalvables si hablamos de pelear por el amarillo.

Los primeros en salir fueron Caisse d'Épargne y Katusha, buenas escuadras con grandes rodadores que marcaron referencias muy válidas; no en vano, fueron séptimo y sexto al final. Tardaron mucho en batir sus tiempos; los pupilos de Eusebio Unzué en particular realizaron una CRE de más a menos que les valió ser los mejores en el primer punto intermedio de la prueba al final de la jornada.

Algunos favoritos, decepcionantes

Liquigas fue la primera en batir a Caisse y Katusha. Antes, todas las actuaciones habían sido decepcionantes: la ya comentada de Rabobank o la del Silence – Lotto de Evans, donde el australiano estuvo demasiado solo y nervioso perdiendo 2'36”, fueron paradigmáticas. La excepción a la regla de la decepción fue el Cervélo de Carlos Sastre, que perdió unos dignísimos 1'38” para acabar octavo en la CRE.

Después de que los italianos de Liquigas se pusieran los primeros (acabarían cuartos a 58”) llegó Euskaltel, otra sorpresa agradable. Cimentados en el voluntarioso Mikel Astarloza, los vascos marcaron un meritorio tiempo que les sirvió para acabar décimos a 2'10”. Tras ellos llegó un Garmin desatado que, con una táctica rudimentaria de ir a tope desde el principio, acusaron quedarse con los cinco hombres mínimos para la toma de tiempos del equipo demasiado pronto; aún así, batieron a Liquigas. Luego, sin embargo, se vieron derrotados por 18” ante el potentísimo Astaná y, tal vez, comprendieron que fue demasiado prematuro dejar atrás a Danny Pate sin haber recorrido ni siquiera diez kilómetros.

Todos los equipos contra el nuevo La Vie Claire

Quedaban tres, los tres máximos favoritos. Columbia acusó su portentosa etapa de ayer, donde cortaron al pelotón a voluntad, y cedió casi un minuto. Astaná marcó distancias de una manera excepcional. Saxo Bank, por su parte, echó mano de Cancellara. Se podría decir, sin exagerar, que la 'locomotora de Berna' hizo casi un tercio de la CRE encabezando a su equipo; gracias a ello mantuvo el maillot amarillo por escasas centésimas. También fue trabajo colectivo, sacrificio en favor de los hermanos Schleck y de él mismo.

Todo es poco para contrarrestar al mayor arsenal de talento ciclista desde los tiempos de La Vie Claire, aquel equipo que reuniera en su plantilla a Hinault, Lemond, Hampsten, Bauer, Rutimann y Barnard. Se podría decir, sin exagerar, que no le tiene nada que envidiar este Astaná de Armstrong, Contador, Klöden, Leipheimer, Popovych y Zubeldia. En 1985 y 1986, aquel legendario equipo firmó sendos dobletes en la general final del Tour. ¿Llegará este Astaná tan lejos, o se dividirá por el camino por la lucha de egos?

¿Serán los equipos españoles comparsas en el Tour?

viernes, 3 de julio de 2009

3 de Julio, Arueda.com

El teatro del Tour 2009 está a punto de estrenarse. Mañana se abrirá el telón en Mónaco, durante estos días hemos hablado del escenario donde tendrá lugar esta obra cuyo guión desconocemos y de los que parecen llamados a actuar en papeles protagonistas. Para el final dejamos a los equipos patrios, a las dos escuadras Pro Tour registradas en España que tomarán la salida en el Tour de Francia. A dos equipos a priori más débiles de lo que deberían...

Tanto Euskaltel como Caisse d'Épargne acuden a Francia con dos bloques algo desangelados. El motivo no es falta de calidad deportiva en ellos, ya que haberla hayla. Son más bien las ausencias de sus respectivos líderes, Samuel Sánchez y Alejandro Valverde, las que quitan ese broche de oro que es necesario en cualquier formación para que sea tenida en cuenta. Son ausencias distintas, la primera por motivos deportivos y la segunda por extradeportivos; su efecto, sin embargo, es muy parecido. Sin ellos, posiblemente, sus equipos se vean obligados a renunciar a los papeles protagonistas y convertirse en meros actores de reparto o, peor aún, figurantes.


Euskaltel, a por etapas y un top 10

Euskaltel – Euskadi presenta en Mónaco un 'nueve' relativamente joven en el cual sólo dos de sus componentes llegan a la treintena. Un 'nueve' que sin embargo no es inexperto, ya que sólo Alan Pérez no ha debutado aún en la gran ronda francesa. En principio, los objetivos parecen claramente marcados por el director Igor González de Galdeano: conseguir una victoria de etapa mediante fugas y meter a Mikel Astarloza entre los diez primeros.

Esto último no es, ni mucho menos, una opción remota ni peregrina. El corredor de Pasajes ya entró en posición de privilegio en 2007, concretamente en un meritorio noveno lugar. Astarloza es uno de esos deportistas entrañables que suple la calidad con coraje y llega más lejos de lo que sus condiciones, a priori, le augurarían. Junto a él estará mirando de reojo a la general el joven Igor Antón, escalador casi igual de corajudo de Astarloza cuya falta de potencia es en ocasiones un hándicap demasiado pesado. Posiblemente se centre únicamente en buscar triunfos de etapa en los finales en alto.

Aunque, si hablamos de victorias de etapa, la opción número uno de Euskaltel es el prometedorcísimo sprinter Koldo Fernández de Larrea. Koldo llega algo justo a la salida del Tour, después de pasar casi toda la temporada en busca de un pico de forma que le permita ampliar su palmarés del año, reducido a una victoria de etapa en la Vuelta al Algarve. Sin embargo, cuenta con un factor a su favor: pasa mejor la montaña que el resto de los sprinters, incluso recupera mejor los esfuerzos, y por ello la segunda semana puede ser terreno abonado para su lucimiento.

Entre el resto de componentes del equipo, resaltan dos ciclistas que ya saben lo que es destacar en el Tour de Francia: Egoi Martínez, segundo en la etapa de Prato Nevoso'08, y Amets Txurruka, ganador del premio a la combatividad en 2007. Completan la formación vasca los completos Gorka Verdugo y Juanjo Oroz y dos batalladores genuinos como Alan Pérez y Rubén Pérez.


Caisse d'Épargne, a sobrevivir sin Valverde

Hasta el último momento estuvo Eusebio Unzué esperando para contar con Alejandro Valverde para este Tour de Francia. En todo ese tiempo, poco a poco, gota a gota, se fue consumando lo que era un secreto a voces desde que Ettore Torri puso al murciano en su punto de mira: la incursión por territorio italiano de este Tour'09 iba a costar cara al equipo bancario. Valverde, finalmente, no podrá estar presente en el Tour. No ha dado tiempo a que el TAS revoque ó anule la sanción infligida por el CONI.

Unzué intentará sobreponerse a esta circunstancia con un equipo multicéfalo, sin ningún líder teórico y varios hombres con opciones de hacer un puesto entre los diez primeros. Empezando por Óscar Pereiro, que ostenta un Tour (el de 2006) en su palmarés. Un Tour que suena ya lejano, no sólo en el tiempo sino también en las sensaciones: el gallego ya no es el de hace tres años. Su espíritu combativo se ha ido diluyendo a la par que su rendimiento, cada vez más bajo. No es el mismo subiendo, no es el mismo rodando, y en los descensos (su antigua especialidad) seguramente acusará su terrible caída bajando el Col d'Agnello. Sin embargo, nunca podemos descartar que su capacidad de mentalización le catapulte de nuevo al primer nivel.

Por otra parte, Caisse d'Épargne lleva en su 'nueve' un ciclista para el cual la ausencia de Valverde puede ser una de las mayores oportunidades de su vida: el también murciano Luis León Sánchez. Luis León lució el año pasado en esta misma carrera con su victoria en Aurillac, si bien acabó en las catacumbas de la general (59º) al estar centrado en ayudar a Valverde. Esta temporada, por contra, el muleño parece acudir con otros objetivos, reforzado por su excelente victoria en París – Niza: quiere ver hasta dónde puede llegar en la general. No es descabellado pensar en un top10.

La segunda fila del equipo de Unzué está formada por una terna de gregarios de calidad que, con libre albedrío, pueden hacerse con alguna que otra etapa: Luis Pasamontes, Iván Gutiérrez y David Arroyo. Este último, incluso, quizá se plantee buscar un puesto de honor en la general. Tras ellos, otra terna; ésta, de jóvenes de relumbrón.

El primero, José Joaquín Rojas, es un sprinter al cual le falta un salto de calidad que podría encontrar variando el momento en que arranca las volatas. El segundo, el portugués Rui Costa, se ha colado en el 'nueve' de improviso y buscará terminar su primera gran ronda con éxito. El tercero, el colombiano Rigoberto Urán, es una de las promesas más firmes del panorama ciclista actual, sin techo en su progresión y que en este Tour podría empezar a apuntar cosas de cara al futuro. Completa el equipoel francés Arnaud Coyot, un magnífico rodador.

Astaná y los demás

jueves, 2 de julio de 2009

Repaso a la participación del Tour de Francia
2 de Julio, Arueda.com

Ayer hablábamos del recorrido, del escenario donde se iba a desarrollar el Tour de Francia, y concluíamos dos aseveraciones. La primera, que estaba ensombrecido por la penúltima etapa en el Mont Ventoux. La segunda, que su éxito dependía en gran medida de la actitud de los participantes, de los actores. Y en ellos nos centramos en esta segunda parte de la previa de la gran ronda francesa...

Si el escenario se opacaba con el Mont Ventoux, podríamos decir algo parecido de los actores con Astaná. Todas las miradas están en el equipo kazajo, que aglutina hasta seis ciclistas que son y han sido capaces de liderar a un bloque con garantías de puesto entre los diez primeros e incluso de podio. El vasco Haimar Zubeldia (5º en 2003), el ucraniano Yaroslav Popovych (8º en 2007), el americano Levi Leipheimer (3º en 2007) y el alemán Andreas Klöden (2º en 2004) conforman una potentísima y temible escuadra de gregarios de lujo al servicio de dos líderes de aún mayor postín de cuya cohabitación puede surgir una polémica casi histórica.


El debate de Astaná: ¿Armstrong ó Contador?

Lance Armstrong y Alberto Contador. El americano ha vuelto para ser el mejor, lo fue durante siete años consecutivos y, tras tres temporadas de parón, no parece dispuesto a renunciar a ese estatus de capo absoluto del pelotón. No parece dispuesto a abdicar en un pinteño que, durante su ausencia, no hizo sino crecer a pasos agigantados hasta el punto de conquistar en apenas catorce meses las tres grandes vueltas.

De hecho, el tejano ha sido explícito en sus declaraciones: él aboga porque el líder se decida en la carretera, en la contrarreloj de Mónaco, el único terreno donde teóricamente Armstrong puede ser superior. Un duelo donde sólo hay una pequeña esperanza de salir victorioso para Contador. El título de campeón de España contrarreloj que se adjudicó el pasado fin de semana apunta una gran evolución en esa especialidad que incluso podría servir para derrotar al heptacampeón, que por otra parte no ha pasado del décimo puesto en ninguna de las cronos donde ha tomado parte este año.

El resto de factores inclinan inexorablemente la balanza en favor de Contador. El ritmo de competición que el madrileño ha mostrado en todas y cada una de sus apariciones esta temporada ha sido impepinablemente mayor que el del tejano; las sensaciones también ha sido mejores. Incluso los resultados: ganador en País Vasco y Algarve, segundo en Castilla y León, tercero en Dauphiné, cuarto en París-Niza; ésa es la hoja de servicios de Alberto. La de Lance se reduce al 12º lugar en la general final del Giro de Italia. Las voces que, desde dentro del pelotón, apuntan a un Armstrong realmente fuerte capaz de aspirar al maillot amarillo no se pueden sustentar en ningún factor más o menos objetivo.

Sastre, Evans y Menchov: el resto de la primera fila de favoritos

Tras Armstrong y Contador, el siguiente gran candidato a ganar el Tour de Francia de este año es el vigente campeón Carlos Sastre. El abulense, enrolado este año en el equipo Cervélo, llega a la carrera francesa después de firmar un buen Giro (4º en la general y dos etapas fue su bagaje) y pasar casi un mes y medio descansando, sin dejarse ver por las competiciones. Su principal aval es la experiencia; su recelo es la falta de dinamita en las piernas, el no tener un terreno donde marcar diferencias concretas de no mediar circunstancias tácticas. La suerte es que estas últimas las domina a la perfección.

El australiano Cadel Evans, por su parte, llega con la esperanza de desligarse de la etiqueta de 'Poulidor del Siglo XXI' que se le empieza a aplicar después de años mostrando su impericia para hacerse con el triunfo en carreras grandes. A favor del ciclista del Silence-Lotto están su innegable calidad para subir y rodar y el cambio de actitud mostrado en la Dauphiné Liberé, que al dotarle de ambición puede marcar un antes y un después en la carrera del que parece destinado a ser un eterno segundón. En su contra está, además de la condición antes nombrada, la debilidad de su equipo, que le imposibilita defender un hipotético liderato con garantías.

De eso, de defender un liderato con unos coequipiers flojos, sabe bastante Denis Menchov. El ruso de Rabobank, ganador del Giro'09 con una escuadra ínfima, llega a la salida de Mónaco con los deberes hechos y más fuerte que nunca; la 'maglia rosa' es un punto de inflexión para el navarruso. Es cierto que antes había ganado la Vuelta en dos ocasiones, pero ante rivales menores o en una condición menor. Pero hacerse con el triunfo del Giro del Centenario mostrando una fortaleza tan apabullante tanto en montaña como en contrarreloj puede haberle dotado de otro tipo de fortaleza, la mental, que tanto había echado de menos en otras circunstancias. Junto a él estará uno de los favoritos al maillot blanco, el holandés Robert Gesink.


Dos bloques potentes: Saxo Bank y Liquigas

Si empezábamos hablando del bloque de Astaná y su disyuntiva del liderato, en la salida de Mónaco habrá otra formación capaz de poner en jaque la carrera si se lo propone. Una escuadra cuya fortaleza radica en la suma de outsiders, corredores capaces de aspirar a un puesto entre los diez primeros que coordinándose podrían auparse al podio. Se trata de Saxo Bank. Los chicos de Bjarne Riis acuden al Tour capitaneados por los hermanos Frank y Andy Schleck, 6º y 12º de la gran ronda francesa el año pasado, y poseen en la retaguardia a un ciclista que es garantía de espectáculo y resultados cuando está en forma... y de hecho lo está. Es suizo, se llama Fabian Cancellara y se presenta a este Tour como un tapado capaz de todo después de ganar la ronda de su país.

Desde Italia llega también otro equipo capaz de asustar y reventar la carrera si las cosas le funcionan: Liquigas. Los de Roberto Amadio han reservado a dos jóvenes casi prodigiosos para este Tour, llamados a batirse el cobre con los más grandes: el checo Roman Kreuziger y el italiano Vincenzo Nibali. Ambos, notables escaladores y contrarrelojistas, aspiran a un puesto entre los diez primeros pero no renuncian a nada, incluso a moverse en escaramuzas desde el inicio de la etapa. Estarán reforzados por todo un podio del Giro del Centenario, Franco Pellizotti, que acudirá en busca de etapas.

Algunos deberán confirmarse... y justificarse

Otro candidato de segunda fila a la general del Tour es el americano de Garmin Christian Vandevelde, que deberá confirmar el quinto puesto del año pasado. Tres puestos tras él el año pasado, el luxemburgués de Columbia Kim Kirchen se encuentra en una situación parecida y deberá ratificar sus buenas prestaciones de 2008, más aún en un 2009 que está siendo aciago para él. De reojo habrá que mirar a Marzio Brusheghin, que liderará al equipo Lampre y buscará completar una participación digna.

En los equipos franceses, por otra parte, hay cierta ansiedad por justificar temporadas cuyo eje es por completo el Tour de Francia. En este sentido, AG2R presenta a un candidato serio al top ten que se quedó a las puertas de figurar en él en 2008, el ruso Vladimir Efimkin, y a una posible sorpresa mayúscula como el irlandés Nicolas Roche. Agritubel llevará al eterno y decadente Christophe Moreau, mientras Cofidis pone sus esperanzas en el irregular escalador David Moncoutié y Française des Jeux en un Christophe Le Mével que parece dispuesto a jugar la carta de la general.

La pléyade de sprinters

No sólo de general vive el Tour, y como cada año se vivirá la lucha por el maillot verde y los triunfos obtenidos en los últimos metros merced a emocionantes volatas. Estará presente el indiscutible mejor velocista del momento Mark Cavendish (Columbia), con un equipo de buenos rodadores a su disposición. Frente a él, clásicos como el noruego Thor Hushovd (Cervélo) o el tricampeón mundial español Óscar Freire (Rabobank). También se encontrarán en las carreteras francesas tres corredores dispuestos a lavar la cara de su temporada como los accidentados Daniele Benatti (Liquigas) y Alessandro Ballan (Lampre), y Tom Boonen (Quick Step), cuyo segundo positivo por cocaína está siendo un calvario difícil de soportar.

El resto de opciones en el sprint pasan por posibles sorpresas como Ciolek (Milram), Haussler (Cervélo), Van Hummel (Skil-Shimano), Feillu (Agritubel), Dean (Garmin) ó el medallista en el Mundial de Madrid'05 Geslin (Française des Jeux). También por dos jóvenes españoles en plena progresión como Koldo Fernandez de Larrea y José Joaquín Rojas, cuyo posible rendimiento analizaremos mañana en la tercera parte de la previa del Tour de Francia junto al del resto de sus coequipiers en Euskaltel ó Caisse d'Épargne. ¿O creíais que habíamos olvidado a los equipos españoles?

Un Tour eclipsado por el Mont Ventoux

miércoles, 1 de julio de 2009

Presentación del recorrido del Tour de Francia
1 de Julio, Arueda.com

Se acerca la edición número 96 del Tour de Francia y se empieza a comentar sobre las distintas visicitudes de la carrera. Los distintos componentes y factores, los distintos elementos que conformarán un nuevo espectáculo dramático, un teatro deportivo que tendrá lugar, como siempre, en el mes de julio. Que promete mantenernos entretenidos. Una vez más.

Como siempre que enseñan una nueva película al público, en primer lugar se habla de los actores. El debate número uno es en quién recaerá la jefatura de filas en el equipo Astaná, en cuyo seno se encuentran dos máximos favoritos como Lance Armstrong y Alberto Contador. En el plano nacional, se destaca la ausencia de Alejandro Valverde por la sanción del CONI. En Bélgica es Tom Boonen y sus problemas relacionados con el consumo de cocaína quien se lleva la luz de todos los focos. Debates estériles, sin embargo, si pasamos por alto el escenario donde se va a representar la magnífica obra del ciclismo: el recorrido.


La gigantesca sombra del 'monte pelado'

El trazado de este Tour fue en su día criticado casi unánimemente, y ahora mismo lo sigue siendo. A juicio de la práctica totalidad de aficionados y expertos, es un error terrible por parte de ASO, empresa organizadora de la gran ronda francesa, el haber colocado el penúltimo día la subida al Mont Ventoux, puerto mítico donde los haya e insignia del Tour junto a los no menos célebres Alpe d'Huez y Tourmalet. Puede convertir la carrera en un mero compás de espera, donde los grandes favoritos se marque entre sí con la expectativa de desequilibrar la balanza a su favor en el monte pelado o en las contrarrelojes, donde es imposible esconderse.

No tiene por qué ser así. Antes de la vigésima etapa, a disputar el sábado 25 de julio entre Montélimar y el Mont Ventoux, ASO ha preparado un trazado interesante. El paisaje lunar de la famosa montaña provenzal verá con toda seguridad la resolución final de la carrera, pero no tiene por qué ser la única jornada decisiva: hay al menos otros once parciales capaces de marcar la general. Aunque para que sea así y tomen ese estatus sea condición sinecuánime la combatividad de los grandes nombres...

Más jornadas decisivas de lo que parece

Un total de tres contrarreloj (una de ellas por equipos) hay este año en el recorrido del Tour de Francia. La primera etapa en Mónaco serán 15 kilómetros con una pequeña cota incluida donde los favoritos se empezarán a batir el cobre. Tres días después, en Montpellier, los 39 kilómetros de crono por escuadras marcarán diferencias en función de los adláteres que cada favorito lleve consigo; en este sentido, parece claro que bloques fuertes como Astaná, Saxo Bank o Columbia parten con cierta ventaja. La tercera y última contrarreloj tendrá lugar en Annecy, donde a cuatro días del final serán 40 los kilómetros en los que los más potentes podrán marcar diferencias... si no se les atraganta la Côte de Biuffy, puerto de tercera que se coronará a diez de meta.

Los escaladores, por su parte, tendrán dos llegadas en alto, aparte del Mont Ventoux, para lucirse. Amén de seis etapas con puertos de entidad donde poder reventar la carrera. Empezando por las primeras, la séptima etapa saldrá el viernes 10 de Julio de Barcelona para llegar a la estación de esquí de Ordino-Arcalís, puerto muy largo (se acumularán casi setenta kilómetros seguidos de subida) pero excesivamente tendido y con un asfalto en muy buenas condiciones que favorece a los ciclistas más pesados.

El domingo siguiente si habrá un final para trepadores, escaladores puros. Saliendo de Pontarlier, la población que otorgó al por aquel entonces anónimo corredor francés François Simon el maillot amarillo en el Tour'01, y pasando por el exigente Col de Mosses (2ª), se llegará a un puerto inédito en la gran ronda francesa como Verbier que es, sin embargo, más que temible. Su pendiente media de casi el 8% y sus alrededor de nueve kilómetros de longitud hablan por sí solos de la que puede ser una de las jornadas más recordadas del Tour de este año.

Seis etapas con subidas de entidad... lejos de meta

En lo referente a las etapas movidas, merece la pena detenerse en las decimoséptima, con paso por cuatro puertos de primera, incluyendo la Colombiére a quince kilómetros de meta y precediendo a un descenso vertiginoso hasta Le Grand Bornand. El día anterior, sube y baja con casi 3500 metros de subida acumulados en tan sólo dos puertos (Grand Saint Bernard y Petit Saint Bernard). Y, en las etapas de los viernes 17 y 24, finales en Colmar y Aubenas tras bajar los Col de Firstplan y L'Escrinet, respectivamente, que pueden dar más de una sorpresa.

Antes de esto se habrá pasado por los Pirineos. En ellos estará la caravana durante dos días más, aparte del previamente reseñado de Ordino. El primero, con final en Saint Girons, contará con el Envalira de salida y Agnés a cuarenta de meta; el segundo, que acaba en Tarbes, tendrá Aspin y, sobre todo, Tourmalet a setenta de meta para castigar las piernas de los corredores. Son dos días interesantes que, sin embargo, requieren una carrera muy rota o un bloque muy fuerte para que alguno de los grandes favoritos pueda poner en jaque la carrera.

El periplo catalán

De cara al público español poco aficionado a la bicicleta, el guiño de ASO viene con las etapas de los días 9 y 10 de Julio: Gerona – Barcelona y Barcelona – Ordino. Ambas discurrirán íntegramente por la Península, siendo la primera una etapa llana jalonada con algún pequeño puerto y la segunda una etapa de montaña en toda regla, de la que ya hemos hablado anteriormente. El principal interés vendrá en que los aficionados catalanes tendrán la oportunidad de vivir de cerca el espectáculo del Tour de Francia...

El auténtico teatro de los sueños. De los sueños ciclistas, obviamente. El escenario parece bueno, pero exige mucha capacidad de improvisación (más aún cuando ciertas etapas se harán sin pinganillo) y sobre todo mucho coraje y fuerzas. Sólo falta que los actores estén a la altura. Este año, más que nunca, el recorrido lo harán bueno o malo los ciclistas.

El tuerto Sastre y su sencillo vaivén hacia el éxito

lunes, 28 de julio de 2008

Arueda.com

Hijo de uno de los hombres más destacados del ciclismo de base español, Víctor Sastre, Carlos Sastre Candil (1975, Madrid) es uno de los grandes corredores españoles de la última década. Vueltómano, regular aunque algo más brillante como escalador en sus albores en el ciclismo. Su trayectoria profesional tiene dos nombres detrás, dos de los grandes directores de los últimos años: Manolo Sáiz y Bjarne Riis.

Fue Sáiz el que le rescató a finales de 1997 del filial amateur de Banesto para darle su gran oportunidad en la categoría reina con el mítico ONCE. Sastre contaba ya 22 años largos, lo cual en aquellos tiempos donde los ciclistas pasaban bastante menos hechos que en la actualidad equivalía casi a la senectud. Decidió aprovechar la oportunidad y salir de ese acúmulo de talento que era el Banesto amateur.

Su primer año completo como profesional fue de adaptación, su segundo empezó a dejar destellos (cuarto en Villafranca de Ordizia, octavo en Castilla y León) y su tercero… fue el de la explosión. El tremendo bagaje de puestos de honor de aquel año (cinco generales ó clásicas entre los diez primeros) no fue nada comparado con lo que sobrevino en septiembre, cuando Sastre fue la gran revelación de la Vuelta a España donde Casero y Heras lucharon cara a cara por la victoria. Octavo en la general final, segundo en la llegada a Ordino-Arcalís y ganador absoluto de la clasificación secundaria de la montaña. Su salto al estrellato.

En 2001 conoció el Tour, dando un rendimiento aceptable para ser debutante con una notable vigésima posición. Persistió en las generales de carreras de una semana y se hizo con la victoria en la etapa de la Vuelta a Burgos con final en San Juan del Monte. Llegó entonces el punto de inflexión de su carrera: el momento en que Manolo Sáiz le ofrece cuatro años de contrato para ser gregario de grandes líderes como Igor Galdeano ó Joseba Beloki y, por otro lado, Riis le ofrece uno con el riesgo de ser el gran líder del equipo para el Tour de Francia junto a Jalabert.

CSC era entonces un equipo en crecimiento. Patrocinado desde 1998 por Jack & Jones y Memory Card, a partir de 2001 la escuadra de Riis recibió la inyección económica del patrocinio de la marca informática CSC. Ese mismo año se fichó, con objetivo de garantizarse de nuevo la invitación del Tour que ya habían conseguido el año anterior, al crack galo Laurent Jalabert y al americano Tyler Hamilton. Sin embargo, ‘Jaja’ no estaba por la labor de sacrificarse en pos de generales y prefería luchar por etapas y por el maillot de puntos rojos de la montaña; por otro lado, Hamilton prefirió centrarse en el Giro al año siguiente. En 2002 quedaba así un puesto vacante, el importantísimo puesto de líder para el Tour de Francia. Ése fue el que ocupó CSC (Carlos Sastre Candil), cuñado del mítico ‘Chaba’ Jiménez e intrépido ciclista que rechazó un jugoso contrato a cambio de la posibilidad de ser más.

Su primer Tour con galones de líder se puede definir como satisfactorio. La ausencia de Ullrich dejaba al todopoderoso Lance Armstrong como único candidato real al triunfo, mientras el resto de corredores intentaba destacar a su sombra. Sastre, que previamente había participado en el Giro como gregario de Hamilton, completó un Tour regular que se saldó con una décima posición en la general… y un segundo puesto en la última etapa montañosa de aquella Grande Boucle, casi etapa reina, con final en La Plagne. Allí sólo le superó Michael Boogerd, compañero de escapada a pie de puerto. Sin embargo, el mayor de los orgullos para Sastre aquel día fue resistir a rueda de Lance Armstrong, que le cazó a unos kilómetros de final y no pudo soltarle. Fue el inicio de su sereno camino hacia el maillot amarillo.

2003, el año en que la mayor carrera cumplía el siglo de vida, Sastre consiguió uno de los hitos de su vida profesional con la victoria en la cima de Plateau de Bonascre. Fue en la edición más emocionante mientras el tejano tuvo su rancho en Francia, cuando se amenazó al potentado desde la primera semana. Esto no le vino bien al abulense, acostumbrado a empezar flojo y terminar con una tercera semana refulgente. Su clasificación en la general no respondía a lo esperado, los minutos perdidos se acumularon en exceso; su labor de gregario en favor de un Hamilton mermado por una fractura de clavícula tampoco le beneficiaba.

Así, en una de las etapas clave de la carrera con el paso por el Port de Pailhéres antes de llegar al Plateau de Bonascre, también llamado Ax 3 Domaines, Sastre planteó su ofensiva. En Pailhéres atacó junto a otro damnificado de las circunstancias en aquel Tour, Juanmi Mercado, e hizo camino hasta atrapar al fugado Chechu Rubiera. Posteriormente, el abulense daba un último tirón que descolgaba a Mercado y se hacía con la victoria. Sastre acabó noveno ése Tour, que dio para él un giro de 180 grados en la cima pirenaica.

La siguiente edición del Tour de Francia fue algo menos brillante. A pesar de que acabó mejorando un puesto en la general final (octavo), su labor de brega para Iván Basso (tercero en París) le mermó y coartó en carrera. 2005 no fue un año mejor para Sastre en el Tour; acabó 22º, su peor clasificación en la Grande Boucle, y no apareció en ningún momento que no fuera de trabajo para Basso.

En estos dos años, lo malo del Tour se redimió en la Vuelta a España: sexto en 2004 y tercero en 2005, segundo si consideramos que Heras fue descalificado de aquella edición de la gran ronda española por dopaje. En estos dos años, también, se inició en Carlos Sastre una costumbre un tanto molesta para el aficionado: sólo acumular resultados en las carreras más importantes de la temporada, pasando inadvertido el resto del año.

Llegó 2006, año crucial para Sastre por acontecimientos deportivos y extradeportivos. El destape de la Operación Puerto descalificaba a su líder para el Tour de Francia, el italiano Iván Basso, para quién había trabajado en el Giro de Italia. Así, en la salida de la Grande Boucle se presentaba con un equipo todopoderoso como CSC a sus órdenes. Además, las circunstancias de carrera le colocaron en una situación inmejorable: a sólo cuatro etapas del final era segundo de la general, con algo menos de dos minutos de desventaja sobre un líder aparentemente más débil que él, el gallego Óscar Pereiro, y con el hombre más fuerte de aquel Tour, Floyd Landis, hundido.

Pero llegó la etapa de Morzine, la maliciosa y acertadamente llamada DisneyLandis. El americano, por aquel entonces corredor de Phonak, se rehizo de su naufragio en la Toissure y emprendió una alocada escapada por los grandes puertos alpinos, desarbolando al bloque del Caisse d’Épargne capitaneado por Óscar Pereiro. CSC no colaboró en ningún momento en la caza del que se presentaba como gran amenaza para la victoria final de su hombre fuerte, nuestro protagonista. Finalmente, Sastre atacó en el último puerto de la jornada y logró recortar casi tres minutos de diferencia americano. Pero ya era demasiado tarde, se había metido en la carrera y posteriormente se la adjudicaría. Sastre acabó cuarto. Luego se supo que aquella exhibición portentosa de Floyd Landis tenía truco, y Sastre ascendió virtualmente al tercer lugar del cajón. En la Vuelta, Carlos volvió a ser cuarto en la carrera dominada por Vinokourov y perdida por Valverde en la bajada de Monachil.

El año pasado, el Tour de Sastre fue algo más mediocre. A pesar de que no diga eso su cuarta plaza final, el protagonismo del abulense fue tan limitado que no logró pasar del quinto lugar en ninguna etapa. Fue una Grande Boucle triste, marcada por la exclusión de Rasmussen; también fue una Grande Boucle alegre, marcada por la eclosión de Contador. La cruz y la cara de la moneda, que para Sastre cayó de canto. Un agridulce cuarto lugar logrado desde el anonimato. La Vuelta si fue algo más feliz, siendo segundo y el mejor si excluimos al superlativo Menchov del pasado septiembre.

¿Y esta vez? Esta vez, Sastre ha sido el mejor del Tour de Francia. Victoria sin paliativos, dando la única exhibición protagonizada por una cabeza visible del pelotón en momentos decisivos. Hay quien dice, en cruel referencia al nivel de la carrera este año, que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Lo cierto es que ha sido un Tour de ciegos, que no veían la manera de franquear el “terror psicológico” infundido por un Evans nervioso y conservador a partes iguales.

El único que ha sido capaz de abrir un ojo, el que ha visto que para noquear al australiano hay que atacarle, ha sido el Tuerto Sastre. Poniendo final feliz a su camino silencioso, progresivo, hacia el triunfo absoluto del Tour de Francia. A su sencillo vaivén.

Sastre, amarillo y gloria en Alpe d’Huez

miércoles, 23 de julio de 2008

23 de Julio, Arueda.com

Alpe d’Huez es una montaña legendaria, uno de esos nombres que están en la mente de todos los aficionados al deporte. Cada curva de Alpe d’Huez encierra una leyenda, portando el nombre de uno o dos de los hombres que han conseguido imponerse a sus rivales y a las circunstancias para hacerse con una preciada victoria en sus rampas. Cada tramo tiene su historia, su momento de gloria que es recordado cada vez que es recorrido por los esforzados de la ruta.

Desde el durísimo primer kilómetro, el de los gregarios, donde Chechu Rubiera y Roberto Heras reventaron en su tiempo a todo el pelotón en favor de Lance Armstrong. También está la zona, a falta de cuatro kilómetros del final, donde se acumulan los holandeses como los vascos en Pirineos; no en vano, Alpe d’Huez también es conocida como la montaña de los holandeses. En los últimos quinientos metros siempre se recuerda aquella curiosa caída de Giuseppe Guerini por un aficionado despistado que se interpuso en su camino cuando iba hacia la victoria; la victoria que al final consiguió.

Para los españoles también hay historias. La curva número 10 es la de Fede Echave, que ganó en 1987 mientras Delgado y Roche se retaban por detrás y el segoviano cogía el amarillo. La curva 20 la comparte Iban Mayo con Lucien Van Impe; inolvidable su exhibición mientras Beloki se enfrentaba a Armstrong en el Tour de su desgraciada caída. Desde hoy, siguiendo el orden, la curva 17 pasa a ser la de Carlos Sastre; la compartirá con otra leyenda como el pasional portugués Joaquim Agostinho.

El desarrollo de la etapa fue decepcionante. Rubén Pérez (Euskaltel), Peter Velits (Milram), Remy Di Gregorio (Française des Jeux) y el protagonista de ayer Stefan Schumacher (Gerolsteiner) conformaron la escapada. Di Gregorio perdía contacto en el llano entre los colosos de Aubisque y Croix de Fer; Rubén Pérez, en las estribaciones de este último, que eliminaba también a Schumacher más adelante. Quedaba solo por delante el sudafricano Velits, que después recibiría por detrás el apoyo de Jérôme Pineau (Bouygues Telecom) en el descenso de Croix de Fer. Todo eso daba un poco igual en una visión global de la etapa, pero era lo único que sucedía en esos instantes: CSC marcaba un ritmo poco exigente que dejaba a una treintena de ciclistas en el pelotón.

Se llegó al pie de Alpe d’Huez y no parecía que se pudiera esperar demasiado. Pineau seguía por delante ya en solitario, con un minuto sobre el grupo dominado (se dejaba dominar) por CSC. Y en el primer kilómetro llegó el primer hachazo. Carlos Sastre atacaba y se llevaba consigo a Denis Menchov; el inocente trabajo de Bernhard Kohl neutralizaba el demarraje. Sin esperar a reintegrarse de verdad al grupo de favoritos, Sastre volvía a tensar. Ésta fue la buena.

Dudas por detrás. Menchov se hundía, víctima de su fragilidad mental, y perdía contacto con el resto de grandes. Kohl tiraba de Evans; Valverde pedaleaba nervioso con unas buenas piernas que no tenía desde Cholet, AG2R acumulaba hombres en el grupo… y los hermanos Schleck movían el árbol, buscando cortar a Evans. En lugar de ello, lo acercaban a su compañero de equipo y teórico jefe de filas. Cayeron una y mil veces en ese error de juveniles; a pesar de ello, Sastre siguió haciendo hueco, infatigable. Los treinta segundos que manejó durante dos kilómetros se convirtieron en cincuenta, lo cual propició que el coche de equipo conducido por Kim Andersen y que llevaba a su mecánico y compañero de fatigas Alejandro Torralbo arribara a su vera. Golpe moral, la ventaja era de un minuto y, en un abrir y cerrar de ojos, paso a ser de dos.

Evans no encontraba quien le hiciera carrera; mejor dicho, quien se la hiciera bien. Tocado ya Kohl, Goubert y Efimkin, de AG2R, se iban alternando para mantener un buen ritmo que beneficiara a su jefe de filas Valjavec. Y ese ritmo permitía que Sastre aumentara su ventaja. Después, Evans empezó a tomar la responsabilidad en primera persona; Menchov y Samuel Sánchez volvían al grupo. Algo no marchaba bien. Los ataques no tenían continuidad: la ingenuidad de los Schleck se tornó en maestría para hacer de secantes de cada cambio de ritmo que tenía lugar entre los favoritos. Vandevelde, Efimkin, Valverde, Kohl… todos debían frenar al verse con la incómoda compañía de uno de los luxemburgueses. Sastre seguía delante; iba con menos alegría, pero con la suficiente para seguir haciendo hueco.

El último ataque, el que valió, fue de un Samuel Sánchez que arrancó con una fuerza bastante apreciable a poco más de un kilómetro para meta. A su rueda, Andy Schleck. Esto no importó al asturiano, que sólo quería ser segundo y en nada perturbaba a Sastre. La pasividad de un Evans reventado, un Menchov hundido aunque su situación en carrera no fuera catastrófica. El reventón juvenil de Kohl, el puntito que le falta a Vandevelde para ser un grande y no un gregario de lujo que aprovecha su libertad. Esos factores se juntaron para permitir a Sastre, por un lado, y a Samuel y Andy por otro, para hacer camino. También la permisividad de Valverde, que perdonaba a pesar de su insultante facilidad sobre la bici.

Sastre llegó a meta, maillot cerrado y gesto extenuado, con 2’03” sobre Samuel y Schleck, que se jugaron al sprint la segunda plaza; sonrió la fortuna al más rápido, el asturiano de Euskaltel. A 2’13” apareció el grupo de favoritos, liderado por el murciano Alejandro Valverde y por el hasta ahora líder Frank Schleck; Evans perdía dos segundos en una etapa negra para él.

Diez minutos después ya se sabía la general. Sastre sacaba 1’24” al siguiente, su compañero Frank Schleck, y 1’34” y 2’39” a sus máximos rivales por mor de la contrarreloj, Cadel Evans y Denis Menchov. El abulense tuvo un recuerdo para su cuñado Chaba Jiménez y declaró que la táctica, que parecía caótica dado el mal uso de sus fuerzas por parte del equipo CSC, era que él atacara desde la base del Alpe d’Huez.

Pero… ¿qué más da? ¿Qué importan las tácticas, las diferencias y lo que queda por venir cuando uno ha entrado en la gran Historia del ciclismo? Un triunfo épico en Alpe d’Huez significa la gloria. Y resta importancia a lo que queda por venir

Cavendish en la tempestad

viernes, 18 de julio de 2008


168'5 kilómetros entre Lavelanet y Narbonne con algunas cotas de cuarta categoría eran el menú de la decimosegunda etapa del Tour de Francia. 168'5 convulsos kilómetros, agitados externamente por la oleada mediática (que no marea, ya que no es uniforme) derivada de las tristes historias e histerias de dopaje surgidas en la última semana. Ayer le tocó el turno al polémico Riccardo Ricco' y, con ello, aconteció la retirada colectiva de todo el Saunier Duval.

Algo parecido a lo que está sucediendo con un Barloworld al que parece haberle mirado un tuerto desde el positivo de Moisés Dueñas. En dos días se han retirado tres de sus ciclistas: el colombiano Félix Cárdenas y el italiano Paolo Longo Borghini cayeron el miércoles, mientras que el australiano Baden Cooke se fue ayer por la puerta de atrás de un Tour en el cual no se le ha visto. Esta mala racha se une al infortunio de Mauricio Soler ya no en las primeras etapas del Tour, sino en toda la temporada. Sólo quedan en la carretera por parte de la estructura dirigida por Claudio Corti cuatro corredores: los sudafricanos John-Lee Augustyn y Robert Hunter, desaparecido el primero por su inexperiencia y el segundo porque sencillamente no está andando, el anglokeniano Chris Froome y el italiano Giampaolo Cheula. Está en sus piernas adecentar el balance final de equipo.

La escapada del día la formaron los franceses Samuel Dumoulin (Cofidis) y Arnaud Gérard (Française des Jeux). Dumoulin, ya triunfante en el Tour, adoleció un poco de honradez en los relevos; Gérard tuvo la misma inocencia que tenía cuando fue campeón del mundo juvenil y llevó el peso de la escapada. Cuando iban a ser cazados prematuramente a cuarenta de meta saltó por detrás el navarro de Euskaltel Juan José Oroz. Oroz, ciclista de fortaleza y tesón, con un perfil atípico respecto al resto de corredores del equipo vasco (y no sólo en lo físico), cazó rápidamente a la fuga y le dio un nuevo impulso. Así, sobrevivieron en cabeza de carrera treinta kilómetros de fuga y sufrieron los impertinentes ataques de Dumoulin hasta el último momento.

Llegó el sprint final, el verdadero espectáculo de la etapa aunque la lucha contra el dopaje depare un cabaret. El trabajo corrió a cargo de un Milram que, ante la falta de algo mejor, sigue confiando en el vetusto Erik Zabel. Fue otro veterano, Robbie McEwen, el que se dejó ver cuando el poderoso Columbia cogió el testigo de los germanos; posteriormente no consiguió ni entrar en el top 10. Y es que en la volata el panorama cambió: Cavendish triunfó de manera tan aplastante como en todos sus sprints ganadores de este año, mientras los dos contendientes en la lucha por el maillot verde (Freire y Hushvod) demostraban una falta de punch llamativa. Tercero fue uno de los sprinters desaparecidos, Francesco Chicchi (Liquigas); segundo, un francés que se coló entre los mejores al estilo de los Nazon, Sébastien Chavanel (Française des Jeux).

Aunque, bien pensado, todo esto dio igual. Mientras acontecía, estábamos pendientes de la podredumbre del ciclismo.

En Hautacam subió a los cielos

lunes, 14 de julio de 2008

Recordando la hazaña de Javier Otxoa
12 de Julio, Arueda.com

Se llama Javier Otxoa y ahora tiene casi 34 años. Corre en el llamado ‘ciclismo adaptado’, patrocinado por la firma Saunier Duval. Sigue en la bicicleta, en aquel deporte que le dio todo, que le llevó a las portadas de los periódicos un 10 de Julio de 2000 y le arrebató todo su ser el 15 de Febrero del año siguiente.


Aquel día, ése 10 de Julio, se llegaba a Hautacam. Un puerto de pendientes constantes y elevadas. Un puerto de diecisiete kilómetros, situado muy cerca del famoso Santuario de Lourdes. El templo de los milagros.

El Tour había llegado dos veces más a Hautacam. La primera, en 1994, fue una victoria de Luc Leblanc consentida por el gran jefe Indurain. La segunda, en 1996, fue lo inverso: Bjarne Riis ganó todo lo ganable aquel día, afianzó su maillot amarillo y ridiculizó a Miguel Indurain, al que aún le quedaba por sufrir la terrible etapa de Pamplona. Terrible porque fue su funeral deportivo.

Pero este Tour era el de 2000. Era el segundo Tour de la era Armstrong, un Tour movido debido a la falta de un dominador: ni en las llegadas masivas dominaba nadie de manera manifiesta, ni el equipo del líder era realmente fuerte como para controlar completamente la etapa. Jan Ullrich (Telekom), Marco Pantani (Mercatone Uno) y el propio Lance Armstrong (US Postal) eran los grandes aspirantes a la victoria final. En la sexta etapa, una fuga bidón llevaba al italiano de Telekom Alberto Elli a vivir uno de sus momentos de máxima gloria deportiva: se hizo con el maillot amarillo. Su escuadra no puso mucho ahínco en defenderlo: dos fugas llegaron a buen puerto durante las tres etapas que Elli portó el liderato a sus espaldas con esperanzas reales de mantenerlo. A la cuarta llegó Hautacam; y no hubo nadie que lo defendiera, la carrera quedó sumida en el descontrol…

205 kilómetros entre Dax y Hautacam. Los primeros cien, relativamente llanos; los otros incluían, de un tirón, Marie-Blanque, Aubisque, Soulor… y la gran llegada a Hautacam. La tónica de la etapa fue el movimiento: sin nadie que mantuviera el orden, todos atacaron. En el kilómetro 50 se fueron por delante el inefable, hipercombativo, Jacky Durand (Lotto), el belga Nico Mattan (Cofidis) y el enorme Javier Otxoa (Kelme).

Por aquel entonces se llamaba Javier Otxoa, tenía 25 años y casi cuatro de experiencia profesional. Competía en el añorado Kelme – Costa Blanca, equipo de escaladores. Vizcaíno, gregario, sólo iba al Tour para trabajar; de hecho, sólo atacó para "preparar el terreno" a Escartín y Heras, sus jefes en la segunda experiencia que vivía en la ‘Grande Boucle’.

Hizo, hicieron, camino por los difíciles ‘cols’ pirenaicos mientras por detrás se formaban mil y un grupos. Santi Botero, Jon Odriozola, Pascal Hervé… nombres de nostalgia que atacaron, infatigables, para intercalarse en caso de que uno de sus líderes decidiera arrancar desde lejos en algún punto de la travesía. Mientras, por delante, Otxoa y Mattan dejaban atrás a Durand. La montaña no era el terreno de aquel entrañable francés que alcanzara a ganar Tour de Flandes y París – Tours.


Hasta 17 minutos de ventaja llegaron a acumular, aunque en el Aubisque apenas eran 10. Por detrás, un grupo de favoritos se organizó para llegar hasta ellos. ‘Chaba’ Jiménez (Banesto), Roberto Heras, Fernando Escartín (Kelme), Joseba Beloki (Festina), Mario Aerts (Lotto), Richard Virenque y Pascal Hervé (Polti). Unos minutos delante suya, intercalados, dos imberbes llamados Santi Botero (Kelme) y Paco Mancebo (Banesto) iban lanzados a por todas. Después pararon a esperar a sus respectivos líderes y tirar de ellos en el breve tramo llano que había entre el descenso del Soulor y el comienzo de Hautacam.

¿Y Armstrong? ¿Y Ullrich? ¿Dónde estaba el pirata Pantani? No habían sido tan intrépidos, se habían quedado sin gregarios y esperaban que la situación la arreglara Guerini (compañero de Ullrich en Telekom), que trabajó solo durante kilómetros. Por aquel entonces, Lance no tenía un equipo sólido tras de sí: era la época de los ‘exploradores’ Hamilton y Livingston, apenas nimiedades comparados con los grandes ciclistas que más adelante tuvo Lance a su disposición.

Se llegó a la subida final. El grupo intercalado, ese de los favoritos de segunda fila, se había quedado sin gas. El grupo delantero, la escapada, se había quedado conformado por un solo hombre que movía plato pequeño y el piñón más grande: Otxoa. El grupo de los gallos era un corral que se revolucionaba.

Y de ese corral echó un gallo a volar, inverosímil, a solamente siete kilómetros de la llegada. Lance Armstrong. Reventó a Pantani, que osó intentar seguirle y lo pagó con cinco minutos de desventaja en meta. Un kilómetro después estaba en el grupo intermedio. Al siguiente, con solo cinco por delante, tenía por única compañía al genial ‘Chaba’ Jiménez; y, como único factor en contra, los seis minutos de ventaja que atesoraba el extenuado Javier Otxoa.

Pasó otro kilómetro, Lance volaba y dejó al Chaba. Otxoa seguía dando pedales y, según el mismo, “no llegaban las pancartas”. Cada mil metros equivalían a un minuto limado, a más castigo para el cuerpo de ambos ciclistas, aunque especialmente para el vizcaíno. Aunque no pudo ser para Armstrong, que no pudo ganar el día de una de sus grandes exhibiciones. Tras seis horas y diez minutos de pedaleo…

… Javier Otxoa culminó su odisea, ganó la etapa y se ganó el recuerdo de muchos aficionados al ciclismo, de muchos españoles que aquel día sufrimos y vibramos con una persecución intensa y exasperante. Emotiva; épica y milagrosa, precisamente cerca de Lourdes.

Después, su carrera profesional se convirtió en tragedia cuando un coche le atropelló en Málaga junto a su mellizo y compañero de equipo Ricardo, que perdió la vida. Javier se quedó paralítico cerebral, se temió que vegetal. Pero siguen estando juntos, cada pedalada que sigue dando Javier lleva el recuerdo de su hermano Ricardo. De alguna manera, la bicicleta ha conseguido que Javier y Ricardo Otxoa sigan estando juntos, aunque por vías meridianamente distintas. Porque, gracias a la bicicleta, ambos subieron a los cielos.

Seis candidatos para la crono de hoy...

lunes, 7 de julio de 2008

...de los cuales nadie habla

Hoy tendrá lugar la primera cita decisiva para la general final del Tour de Francia, la primera contrarreloj de la ‘Grande Boucle’ 2008. Una contrarreloj de distancia media disputada en el entorno de Cholet. Se trata de 29 kilómetros que, según la organización, supondrán alrededor de 34 minutos de esfuerzo para los corredores. El perfil no presenta demasiadas dificultades, aunque sí parece que no habrá espacio para el descanso de los ciclistas: repechos, tramos picando hacia arriba... O, lo que es lo mismo, no se podrán usar grandes desarrollos durante la crono.

Esto, que no descarta a ciclistas potentes como Fabian Cancellara o Thor Hushvod, sí que merma sus posibilidades de éxito en favor de corredores cuyas cualidades están más diversificadas. Cadel Evans o Alejandro Valverde podrían aspirar a dar una exhibición; Andy Schleck, a presentar su candidatura a la victoria. Juanjo Cobo y Denis Menchov deben responder con orgullo y rabia al infortunio sufrido ayer, cuando un corte en el llano les separó de los favoritos. Carlos Sastre y Damiano Cunego deben intentar no perder tiempo. Aparte estará la contienda por el maillot amarillo, donde Romain Feillu y Paolo Lungo Borghini se dejarán hasta el último gramo de sus fuerzas. Y, para la lucha por la etapa... seis nombres que podrían dar la sorpresa.


Thomas Lövkvist (Columbia) El sueco, curtido en mil batallas a sus 24 años gracias a la confianza despositada en él por su antiguo director en Française des Jeux Marc Madiot, es un contrarrelojista más que decente. Esto se une a sus cualidades escaladoras para catalogarle como ciclista para grandes vueltas. Además, llega en un momento de forma muy bueno, tras acabar quinto en la Vuelta a Suiza y tercero en el Campeonatos Nacionales CRI y Línea de su país. El perfil quebrado de la crono, un punto más a su favor.

Iván Gutiérrez (Caisse d’Épargne) Aunque es de esperar que el trabajo en favor de Alejandro Valverde le haya desgastado un poco, el cántabro ha demostrado de sobra tener un fondo físico razonable y clase para dar un gran rendimiento cuando aparece una X en el calendario. Los tramos que pican hacia arriba le favorecen, ya que es un ciclista acostumbrado a unos desarrollos menores a los llevados por 'galgos' más potentes.

Joost Posthuma (Rabobank) Ha llegado al Tour sin hacer mucho ruido, a pesar de haberse adjudicado la Vuelta a Luxemburgo y los Tres Días de la Panne gracias a sendas cronos cuyo recorrido presentaba ciertas dificultades. Estos primeros compases del Tour los ha pasado tranquilo, en el seno del pelotón y dejándose ir en la parte final; sin embargo, es de esperar que el calentón de ayer para reintegrar a su líder Menchov al pelotón principal pueda jugar en su contra.

Mikel Astarloza (Euskaltel) Es un hecho su mejora contra el reloj, que casi coloca esta especialidad como su punto fuerte; también su capacidad de sacrificio y sus habilidades para los repechos, que le cualifican para el terreno denominado 'pestoso' en el argot ciclista. Su aproximación del Tour ha sido tan sumamente positiva que se puede considerar su condición física como óptima; además, ha pasado estas primeras etapa con nota.

Staf Clement (Bouygues Telecom) Como Posthuma, no ha sufrido demasiado en estos primeros días de Tour: todos los días llegó descolgado, sin forzar para llegar lo más fresco posible a esta crono. El kilometraje le viene bien, su estado de forma roza el excelente y su motivación es máxima: no tiene nada que perder, mientras que si gana podríamos asistir a su salto a la primera plana mundial.

Óscar Pereiro (Caisse d’Épargne) La brillantez de su compañero Alejandro Valverde ha opacado sus prestaciones en este principio de Tour; sin embargo, sería injusto obviarle toda vez que se encuentra en la pomada tras entrar en el corte final de la etapa de Brest y llegar en el pelotón, bien colocado, los otros dos días. No sería la primera vez que gana una contrarreloj individual, aunque realmente da lo mejor de sí en los prólogos. Juegan a su favor la tranquilidad que le da tener el paraguas de Valverde, el reducido kilometraje y un terreno que le viene como anillo al dedo.

Valverde acepta el reto del Tour

sábado, 5 de julio de 2008

Caisse d’Épargne, uno de los bloques más potentes del Tour 2008
5 de Julio, Arueda.com

Desde que comenzó su historia como equipo ciclista, el bloque dirigido por José Miguel Echavarrí y Eusebio Unzué se ha caracterizado por preparar con mimo el Tour de Francia. Desde sus albores como Reynolds, tal y como leemos en esta misma web, hasta sus últimos tiempos como Illes Balears y Caisse d’Épargne. Pasando, como no, por su histórica época como Banesto. Tres de los cuatro últimos españoles que subieron a lo más alto del podio en los Campos Elíseos pertenecieron a este equipo: el escalador Perico Delgado, el extraterrestre Miguel Indurain y el combativo Óscar Pereiro.

Esta edición, Caisse d’Épargne presenta un líder sólido para la general. No ha sido fácil dar con un relevo para Indurain, ya que Pereiro no es capaz de ganar el Tour sin necesidad de aliarse con la fortuna, Ángel Casero se quedó en el camino, Francisco Mancebo no ha estado en el equipo con la madurez suficiente como para aspirar a la victoria, Alex Zulle se topó con el incomparable Lance Armstrong… y qué decir de Santi Blanco, al que se encumbró demasiado pronto como futuro maillot amarillo y después fue maltratado por las circunstancias. Ahora llega el turno de un hombre destinado a la victoria (si no aquí, en cualquier lugar) como es Alejandro Valverde.


Y es que tras entrar por la puerta grande en 2005 con su victoria en Courchevel ante Armstrong, tras su desafortunada caída de 2006, tras su gris actuación de 2007 siendo sexto y desanimándose a media carrera… Ahora, en 2008, es la hora de que el tremendo Alejandro Valverde comience a dar realmente el do de pecho en la carrera ciclista por excelencia. Ha realizado una aproximación muy positiva, repitiendo victoria en su monumento predilecto, Lieja-Bastogne-Lieja; y, posteriormente, adjudicándose avasalladoramente la Dauphiné Liberé frente a los que seguramente serán sus rivales en la ‘grande boucle’. Después fue Campeón de España, por lo cual llevará un maillot especial donde la bandera, tristemente, no será la nota predominante.

Cualidades no le faltan; hay quien pone en duda su rendimiento en la tercera semana de las grandes vueltas, hay quien habla de su capacidad real en la alta montaña. Algunas voces, menos numerosas, mencionan un problema de mentalización. Sin embargo, hay motivos para el optimismo. Su gran mejora en contrarreloj es uno de ellos, y queda sobradamente demostrada con una cifra de victorias contra el crono difícil de encontrar, incluso en especialistas: cinco en dos años. Por otro lado está su arrancada brutal cuando la carretera pica hacia arriba, lo cual le puede otorgar victorias en algunos finales con trampa de la primera semana…

A su lado estará Óscar Pereiro, el gran ciclista estigmatizado por su victoria walkowiakana del Tour. Cuando se retire y pase a la historia, no se le recordará por la combatividad mostrada hasta 2005, por haber comenzado su carrera desde cero en Portugal y llegar a lo más alto… Se le recordará porque ganó el Tour 2006, aquel en que una fuga le colocó el maillot amarillo en las espaldas y en el que un positivo le dio la victoria final. Ni siquiera su capacidad de sacrificio por otros compañeros, por sus poco explotadas habilidades como prologuista o por su regularidad en montaña. Será recordado por aquel Tour, triste Tour. Este año, tras la fallida tentativa de podio del año pasado, Pereiro ha despertado del sueño del podio de París y se dedicará en cuerpo y alma a trabajar para Valverde, a ser su gregario de lujo y llegar lo más lejos posible. Será cabo a las órdenes del sargento, y tendrá a su mano a un bloque de gregarios que podemos definir de poderoso.

A su sombra estarán, en la montaña, dos gregarios de calidad y contrastados como el talaverano David Arroyo y el vizcaíno David López. Arroyo llega tras la frustración del Giro de Italia, donde no llegó a tomar la salida tras caerse en los entrenamientos previos; David López, por su parte, llega atesorando actuaciones positivas allá donde se ha presentado.

Acompañarán a este bloque de la montaña tres hombres destacados por su fortaleza, por sus cualidades para el llano que muchas veces transmutan en cualidades para la escalada y las fugas. Se trata del reciente campeón de España contrarreloj Luis León Sánchez, del completo José Iván Gutiérrez y del ilustrísimo veterano Chente García Acosta, que cierra este año su ciclo en el Tour de Francia y en el ciclismo en general.

Completan el equipo dos franceses muy aptos para el trabajo de llano y las fugas, los galos Nicolas Portal y Arnaud Coyot. A pesar de que su sino en el equipo es solventar la cuota étnica procedente de la financiación realizada por el banco francés Caisse d’Épargne, ciertamente su rol puede resultar importante cuando llegue la hora de tirar para un hipotético Valverde vestido de amarillo. Si Sánchez, Gutiérrez y Chente son conocidos por su fortaleza, estos no andan demasiado lejos en ese aspecto.

Aunque se echa en falta algún hombre rápido que entre en los sprints (quizá los franceses pueda responder a esa necesidad en algún momento puntual), no cabe duda de que el Caisse d’Épargne es un bloque fuerte. Un bloque articulado en torno a un líder, Valverde, y a la ambición de cumplir su sueño amarillo.

La marea naranja y un equipo a su altura

miércoles, 2 de julio de 2008

Euskaltel, con un gran nueve a por una gran actuación
2 de Julio, Arueda.com

El miércoles pasado se presentó en el Parque Tecnológico de Zamundio la camiseta representativa de los aficionados vascos que llenarán las cunetas del próximo Tour de Francia. Un año más, la camiseta ha sido diseñada por Mikel Urmenta y el equipo de Kukuxumusu. Un año más, la camiseta servirá para animar al equipo que muestra al mundo la gran afición del pueblo vasco por lo que en euskera se llama, cantarín, txirrindularitza.


En 2001 Euskaltel fue invitado por primera vez al Tour de Francia. Roberto Laiseka estrenó el casillero vasco con su victoria en Luz Ardiden, en pleno corazón de los Pirineos, con un ataque inapelable desde el grupo de favoritos donde mandaban Lance Armstrong y su gregario Chechu Rubiera. Fue el principio de la marea naranja, de los miles de vascos que, año tras año, se agolpan en las carreteras pirenaicas. De las hordas de aficionados que animan, incansables, a todo ciclista que pasa; pero que espera con ansias a los de naranja. Porque ellos también, por supuesto, van de naranja.

Vivieron su máximo éxtasis en el Tour de 2003, cuando tuvo lugar la mejor actuación del equipo Euskaltel en la ‘grande boucle’. Aunque la gran exhibición fuera en Alpe d’Huez (Iban Mayo ganando ante los desbocados Ullrich y Armstrong), la mágica actuación de los hombres dirigidos en aquel entonces por Gorospe hizo que la fiebre txirrindulari se desatara. Fue el año en que debutaron las camisetas de Kukuxumusu, las mismas que vivieron las decepciones de 2004 y 2005 provocadas por la mala actuación de Mayo; que en 2006 sólo sintieron dignas las actuaciones de Isasi y Zubeldia…

Que en 2007 volvieron a disfrutar en un Tour bellísimo, con Astarloza y Zubeldia entre los diez primeros, con Txurruka y Rubén Pérez atacando en cada ocasión… Con una actuación en la que solo faltó una victoria de etapa, vaya. Y en este 2008 se puede, por qué no, mejorar con creces esto. El director deportivo Igor González de Galdeano no se ha dejado casi nada en casa: solamente faltarían, en un hipotético equipo ideal, el escalador Igor Antón y el sprinter Koldo Fernández de Larrea. El resto de los mejores estarán en la salida de Brest.

Empezando por un Samuel Sánchez, la excepción asturiana a la regla vasca y gran líder de la estructura, quien ha variado sus planes habituales de cada año para integrar en su calendario los Juegos Olímpicos y, de paso, el soñado Tour de Francia. Si bien su experiencia previa en la ronda francesa no acaba de ser positiva (dos retiradas por agotamiento en sendas participaciones), también es cierto que en ellas no era un corredor totalmente maduro. Ahora, con un podio de la Vuelta a España a sus espaldas, no debería ser descabellado pensar en una actuación decente en la general o en una victoria de etapa. En su contra está el hecho de que su preparación está ralentizada con objetivo de llegar en perfectas condiciones a la cita olímpica.


Haimar Zubeldia es, sobre el papel, el jefe del equipo para la gran ronda francesa. Cumplidor en el Tour de Francia (tres veces entre los diez primeros y solamente una retirada), ha mostrado este año una actitud algo más ofensiva que puede conseguir que conecte al fin con el aficionado… y con el podio. Sus cualidades contrarrelojistas han sufrido un ligero retroceso en favor de una sustancial mejora en montaña, donde contará además con un fuerte bloque de gregarios. Empezando por…

…Mikel Astarloza. El de Pasajes tiene experiencia en el Tour y ha realizado una aproximación muy adecuada. Después del espectacular noveno puesto obtenido el año pasado, no sería descabellado que se planteara el asalto al top 5 en la general; sin embargo, el arrojo que le caracteriza podría usarlo a favor de un Haimar Zubeldia que, ante la falta de favoritos solventes, puede estar ante su gran oportunidad de llegar al podio. Habrá que estar atentos a su rendimiento en las cronometradas, campo en que ha registrado una evolución considerable.

Por otro lado estarán los hipercombativos Rubén Pérez y Amets Txurruka, grandes animadores de la pasada edición del Tour. Txurruka, más brillante y con poco que demostrar tras su galardón de ciclista más combativo de 2007, podría aspirar al maillot de puntos rojos que distingue al mejor escalador. Pérez, por su parte, podría repetir actitud… o sacrificarse en pos de sus líderes, tarea en la que cumple con creces.

El papel de Egoi Martínez es la gran incógnita del Euskaltel para este Tour. A pesar de que su pasado debería otorgarle cierta libertad, su temporada no ha sido excesivamente brillante (lo mejor, el maillot de la montaña de la Vuelta al País Vasco). Las cualidades que le llevaron a disputar la Midi Libre al todopoderoso Lance Armstrong parecen un tanto diluidas. Lo más probable es que se centre en ayudar a los líderes y buscar oportunidades en las fugas.

Completarán el equipo el solvente todoterreno Gorka Verdugo, cuyo salto de calidad definitivo se confirmará en la gran ronda francesa; Juan José Oroz, rodador de mérito que espera conocer por primera vez París; e Iñaki Isasi, sprinter de segunda fila y buen hombre de llano que en 2006 tuviera una buena prestación aquí, consiguiendo varios puestos de honor en volatas.

El objetivo es claro, según Igor González de Galdeano: una victoria de etapa. Se presenta la ocasión ideal para disfrutar, para que se vuelva al éxtasis de la marea naranja. No faltará espectáculo, no faltará calidad en el equipo… y tampoco faltarán camisetas.